¿ Oyes eso? Seguro que sí, quizá en un primer momento lo sientas solo como un cosquilleo, como un aleteo en una parte no localizada de tu propio interior, pero intuyes que algo quiere manifestarse… En este post te invitamos a que prestes atención, escucha la mariposa que llevas dentro….tiene mucho que decirte.

Ocurre a menudo, o quizá no tan a menudo cómo sería deseable, que encontramos a alguien que tiene un SUEÑO, uno de esos con mayúsculas, uno de esos que los ojos del resto de personas no sólo se etiqueta de sueño sino que se le añade el adjetivo de INALCANZABLE.

Algo así como lo que debieron pensar todos aquellos que escucharon decir a Martin Luther King su eslogan ya para la posteridad: YO TENGO UN SUEÑO.

Pero ¿ de dónde provienen ese tipo de sueños? Esos que te llevan a enfrentarte al mundo con total determinación, esos que te obligan a seguir intentándolo a pesar de escuchar a cada paso palabras desalentadoras, risitas a tu espalda, miradas de conmiseración…

Podríamos decir que  quién persigue así su sueño sólo puede ser un valiente, o un loco…

Pero quizá solo siga la llamada de su alma, quizá ese tipo de sueños no son aleatorios, quizá y sólo quizá se trate del auténtico propósito de esas vidas.

Es por ello que deberíamos cuidarnos muy mucho de decirle a nadie de lo que es capaz y de lo que no, aunque sea con la mejor intención del mundo, aunque sea para evitar lo que vaticinamos será un fracaso.

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Mucho más aún si lo hacemos porque no entra dentro de nuestro sistema de creencias…

Podemos ver con claridad lo que trato de decir en este cuento tradicional del Tibet:

El Sueño del gusano 

“Un pequeño gusano caminaba un día en dirección al sol.

Muy cerca del camino se encontraba una hormiga, quien le preguntó: -¿Hacia dónde te diriges?

Sin dejar de caminar, contestó: -Anoche tuve un sueño, soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. ¡Me gustó tanto lo que vi en mi sueño que he decidido realizarlo!

La hormiga sorprendida, viendo cómo su amigo se alejaba, le gritó: -¡Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Si eres una simple oruga! Una piedra será una montaña para ti, un pequeño charco será un mar, y cualquier ramita será una barrera imposible de atravesar.

Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.

De pronto oyó la voz de un escarabajo: -¿Hacía dónde te diriges con tanto empeño?

El gusanito le dijo jadeante: -Anoche tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde allí ¡contemplaré todo nuestro mundo!

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El escarabajo riéndose a carcajadas le dijo: -Ni yo, con patas más grandes que las tuyas, intentaría llegar hasta allí ¡es imposible!

La oruga sudando continuó su camino, ya había avanzado unos cuantos centímetros.

También se encontró con una araña, un ciempiés, una rana, una flor… todos le aconsejaron a nuestro amigo que regrese a su casa.

¡No lo lograrás jamás! -le dijeron-

Pero él continuó. En su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas, decidió parar a descansar. -Estaré mejor- fue lo último que dijo, y murió.

Todos los animales del valle se reunieron alrededor de él, lo consideraban alguien que murió por querer realizar un sueño irrealizable.

Una mañana en la que el sol brillaba intensamente, todos los animales se volvieron a juntar en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos.

De pronto quedaron atónitos. Aquel armazón duro comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta.

Poco a poco, fueron saliendo unas hermosas alas de los colores del arco iris. Aquel impresionante ser que tenían frente a ellos era una mariposa.

Todos quedaron sin palabras… Pudieron contemplar cómo se fue volando hasta la gran montaña a realizar su sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.”

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El pequeño gusanito fue capaz de escuchar su intuición, aún sin reconocer su propia esencia, aun sin saber que en su destino estaba escrito convertirse en mariposa, hizo lo que su intuición le señaló.

Con esfuerzo, con la meta siempre lejana, con burlas ajenas, con un montón de NO PUEDES sonando tras él..

Otra de las cosas llamativas de la historia es que ni uno solo de los animales del valle, se ofreció para ayudarle en su empeño, y podríamos pensar que es únicamente por no alterar la moraleja de la historia, pero lo cierto es que,  normalmente, nuestro propósito en si mismo requiere que seamos nosotros los que recorramos el camino, los que hagamos el esfuerzo, porque forma parte del plan.

Así, debemos tomar ejemplo del gusanito y escuchar la mariposa que llevamos dentro, nuestra propia esencia, olvidando las limitaciones que a priori pudiéramos tener.

Si es necesario sufriremos una transformación, una “muerte” de lo que hemos sido para convertirnos en lo que verdaderamente somos, pero eso solo se producirá si no nos rendimos, si continuamos avanzando, si no dejamos de escucharnos.

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