Allí es donde se aloja el miedo y el sentimiento de separación, en ese inconsciente fabricado por siglos y siglos de desunión, cambiemos el inconsciente colectivo cambiando nosotros mismos…

La experiencia humana es el inconsciente colectivo, porque toda la humanidad ha sido entrenada para enfocarse en el miedo, la protección y el control. Creemos que estamos sepa­rados el uno del otro.

La dualidad crea esta ilusión, para que en vez de enfo­carte en el amor, la unión, la unidad, te enfoques en la separa­ción.

Pero hay sólo una mente consciente. Así que, a medida que elevamos nuestra conciencia, estamos elevando la concien­cia de toda la humanidad y por esto, el mundo está comen­zando a cambiar. La gente está comenzando a enfocarse más en el amor, porque un gran cambio espiritual está sucediendo y estamos comenzando a darnos cuenta de que las cosas que siempre hemos hecho no funcionan.

Siempre hemos hecho las mismas cosas: hemos peleado por el cambio, hemos ido a la guerra por el cambio. Estamos constantemente enfocados en nuestras diferencias en vez de en la unión. Y la gente está comenzando a darse cuenta de que primero tiene que encontrar la libertad dentro; tienen que amarse a sí mismos. Eso fue lo primero de lo que me di cuen­ta cuando comencé este proceso. Siempre estaba tratando de cambiar al mundo, pero ¿cómo puedo cambiar al mundo si no me amo a mí misma? Yo soy el mundo.

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A medida que nos sanamos a nosotros mismos indivi­dualmente estamos elevando la conciencia de todos, de cada parte de nosotros mismos. Tú podrás notar que a medida que se eleva la conciencia, la gente dice: “pero hay tanta dualidad, ¡hay terrorismo y guerra!”

Esto es normal, es muy normal. Mientras el amor aumen­ta, la “matrix” del intelecto, el miedo en el cual está basada la ilu­sión, comienza a pelear, tratando de mantener la dualidad.

Pero en la medida que continuemos elevando la conciencia, todo lo que vibra en un nivel más bajo, comienza a caer: la injusticia, la mentira, la falta de integridad; todo lo que no está basado en la conciencia comienza a caer. Las máscaras falsas de la sociedad comienzan a derrumbarse. Las per­sonas comienzan a ser reales y a amarse a sí mismas exactamente como son.

Si observas la humanidad, verás cómo todos reacciona­mos de diferente manera a las mismas situaciones.

El otro día, estaba sentada en un restaurante en Buenos Aires y afuera en la vereda, se encontraba un joven artista callejero.

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Casi cada esquina principal de Buenos Aires tiene una gran variedad de malabaristas, bromistas, vendedores, limpiadores de vidrios y mendigos; lo que quieras, ellos lo tienen.

Siempre he admirado a la gente que crea arte para vivir. Ciertamente no es sencillo.

Este joven en particular tenía un acto muy elaborado. Él usaba bolas de cristal para sus malabares, las movía rápidamente sobre su cabeza y las rodaba por debajo de sus brazos, tras el ritmo de melodías exóticas que salían de su equipo de sonido. Las esferas de cristal se volteaban y rebotaban elegantemente en el aire, corriendo una detrás de la otra, mientras los rayos de luz del atardecer brillaban a través de ellas.

Era hipnotizante. El brillo de las esferas en el sol y su fra­gilidad, lo hacían más admirable, ya que había una posibili­dad de que se cayeran. Su arte era muy delicado, su cara muy cómica, era un verdadero artista. Sankara lo asemejó a un pes­cador, tratando de enganchar a su público con la sutil seduc­ción de un buen movimiento de la cuerda de la caña de pescar. La gente iba y venía, venía y se iba.

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Cuando de pronto, una niña con discapacidad mental se acercó a mirar. Se paró justo frente a él, hipnotizada y con un gesto de tal regocijo en su cara… El joven jugó con ella de una manera muy amorosa y graciosa. Esta escena de tanta inocen­cia realmente cautivó al público y la multitud comenzó a reu­nirse más y más a su alrededor. Me di cuenta de que la mayoría de las personas no ponían dinero en su caja. Pero la niña corrió donde su madre por una moneda. Su madre trató de que dejaran el lugar, pero la niña insistió en quedarse a ver la ac­tuación y pagar al artista. Era una escena muy especial, ver su amor, su apreciación, su gratitud y su necesidad de dar. En re­alidad, ¡creo que ella era una de las personas más sanas allí! porque estaba viviendo completamente en su corazón.

ISHA

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