Tu nombre una llave

Si bien ya llevo 20 años trabajando con el nombre de Arte de la Palabra según R. Steiner, fue hace siete años, que de manera “fortuita” descubrí el enorme potencial de diagnóstico y terapia que había escondido en el nombre.

Fue en un taller, en la “ronda de nombres” comprobé como efectivamente, según como cada persona decía su nombre, según que sonidos o sílabas estaban débiles, según que parte del nombre omitía y varios detalles más, podía hacer una “radiografía” de la persona y lo que resultaba aún más interesante, podía sugerirle un camino de trabajo.

Entre tanto escuché a varios cientos de personas, no puedo explicar “científicamente” como funciona, ¡pero funciona en el 100% de los casos! Es por esto, que he ido modificando mi enfoque de trabajo en los grupos y sesiones individuales y ya este año decidí hacer todo a través de “La fuerza sanativa de los sonidos de tu Nombre”.

Mi base sigue siendo el Arte de la Palabra, ya que ella me enseñó la cualidad y acción sanativa de cada sonido, también sigo trabajando con los ejercicios, según las indicaciones de R. Steiner. ¿Dónde está entonces la diferencia? El trabajo en el nombre acorta los tiempos, en un grupo, solo de escuchar a cada uno decir su nombre puedo descubrir que requiere.

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Los casos donde se ve con más claridad el efecto del nombre, es cuando la persona se autodenomina con un mote, sobrenombre o diminutivo. Daré algunos ejemplos para clarificar:

Isabel se hace flamar Bel, insiste en que ese es su nombre. Se la ve una chica muy suave y hay algo que no cuadra, esa no es realmente ella, falta autenticidad. Tiene rechazo a ISA. Desde lo sonoro, iSa es la parte yan, la S es un sonido consonántico de fuego, enérgico. Al hacerla trabajar este sonido reconoce, que cuando saca la energía, es tensa. Vemos que tiene fuego dentro, energía, pero reprimida, porque la tiene asociada a lo tenso o negativo.

A través de su nombre completo aprende a integrar y aceptar esa parte suya. Con la ayuda de otros ejercicios donde aparecen muchos sonidos de fuego aprende a conectar con un hablar enérgico, entusiasta, con dirección y proyección, todo lo que le faltaba a su voz y su actitud interna.

Otra Isabel, se hace flamar Isa, en ésta observamos el caso contrario. A través de los sonidos B y L, se concilia con su parte yin, envolvente, calma.

Cada sonido es una energía y el nombre constituye la suma de energías que debemos integrar. A veces estamos en sintonía con él, otras muy alejados. Aunque digamos el nombre completo, un oído entrenado como el mío (y pronto el de todos los participantes) puede percibir, también en una Isabel que se nombra Isabel, cual energía tiene integrada y cual no.

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Nuestro nombre siempre es correcto, siempre nos sienta bien, siempre nos fortalece. En los talleres comprobamos como nos fortalece la voz. Sabiendo que la voz está a su vez conectada con todo nuestro ser, con nuestras emociones, cuerpo y mente, tiene que ser evidente que nos fortalece en nuestro conjunto.

El ejemplo anterior se refería al tema de “Los 4 Elementos” y la “Expresividad y dinámica” de la voz. Cuando el tema es “Conectar y liberar la voz”, otra vez el nombre es clave para sugerir un plan de trabajo individualizado, rápido y efectivo.

Claustre, siempre había sido flamada Tate y llegó al primer taller con una voz completamente rota y un grave diagnóstico de nódulos en las cuerdas vocales, como muchos otros participantes. Siempre digo, que a pesar de los nódulos las voces pueden sonar bien.

Claustre, al decir su nombre, con toda la conciencia sonora que se le indicó, recupera por un instante su voz, oye su voz limpia y cristalina, ante la mirada atónita del resto de participantes y una inmensa conmoción interior.

Un trabajo intenso los siguientes meses, trabajando con ejercicios que contenían los sonidos de su nombre, fue sanando su voz.

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Los sonidos de su nombre nos indicaban la ruta de viaje: Algo dentro, trabado, que sentimos en el sonido C, quiere ser liberado, quiere salir, fluir.

La L, como un manantial que se hace hueco en la piedra, traspasa el impedimento. Luego la voz se abre sin miedo al mundo con la A, sigue su camino hacia la infinita U, sintiendo con la S un calor interior muy despierto, para plantarse con valor y decisión en Tre. Un nombre que decirlo es un acto de valor y superación de obstáculos.

Todos los nombres nos muestran una ruta de viaje, nos ayudan a colocar correctamente la voz, a darle la expresividad que requiere, a darnos seguridad, consistencia.

El trabajo con los sonidos del nombre es apasionante y reconfortante, aunque también movilizador, siempre cae alguna lágrima, pero merece la pena.

Si quieres sentir la fuerza de tu nombre, si quieres mejorar tu voz o sentir más seguridad en ti mismo, da igual cual sea tu objetivo, todos estos elementos interactúan a la vez y están presentes en todos los talleres “para mejorar tu voz y capacidad comunicativa”.

Atrévete y experimenta. Empieza desde ya, nombrando a tus familiares y amigos por su nombre completo y pidiendo lo mismo para ti.

Autor: Tamara Chubarovsk