El famoso filósofo francés René Descartes sostenía que los animales carecían de estado consciente, de ser inteligentes y de cualquier proceso mental análogo al del ser humano. Muchos psicólogos y fisiólogos compartieron, e incluso comparten en la actualidad, este concepto. Para ellos los procesos mentales superiores que rigen el comportamiento humano están gobernados por principios distintos de aquellos que rigen el comportamiento animal.
Suelen afirmar que los comportamientos de los animales son de dos tipos: instintivos y producto del condicionamiento.

Si bien es cierto que el movimiento de la cola y el ladrido en los perros son comportamientos instintivos, la risa, y el llanto de los humanos también lo son. Evidentemente no sólo los animales son portadores de este tipo de patrones de comportamiento.

Sin embargo, los perros no manifiestan los comportamientos instintivos en cuestión, en forma indiscriminada sino que ellos deciden cuándo y hacia quien dirigirlos. Dicha capacidad de discriminación implica un grado rudimentario de razonamiento inteligente, más aún cuando los perros suelen utilizar estos comportamientos para influir e incluso manipular a sus dueños para obtener atención, comida o un paseo.

Seguramente, en más de una ocasión hemos escuchado cosas como: “A mi perro sólo le falta hablar”, “mi perro es sumamente inteligente, mucho más que muchas personas que conozco”, etc. Y es que muchos propietarios de perros consideran que sus perros piensan de manera racional. Si bien la mayoría de estas personas no son imparciales producto de que tienen un vínculo sumamente estrecho con sus animales y además no poseen los conocimientos para realizar estudios objetivos, ellos no dudan en afirmar que sus animales son inteligentes, pueden pensar y desde ya tienen sentimientos.

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Pero, ¿cuál de estas dos visiones es cierta? ¿Existen diferencias, dentro del ámbito científico?

Para contestar el primer interrogante es necesario aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de inteligencia, pensamiento, imaginación y sentimientos. Tomemos como ejemplo a la inteligencia. Una definición que tiene consenso entre la mayoría de los científicos es aquella que dice que la inteligencia es la capacidad de enfrentar símbolos, relaciones y nuevas situaciones o problemas y resolverlos de una manera adecuada. A partir de esta definición muchos sostienen que la inteligencia de los perros es más un mito que una realidad.

Charles Darwin en su libro “La descendencia del hombre” sostenía que la diferencia entre la inteligencia de los seres humanos y la de muchos animales era cuestión de grado y no de clase. Más aún Darwin afirmaba que “las distintas emociones y facultades – como el amor, la memoria, la atención, la curiosidad, la imitación, etc.- de las que se jacta el hombre, se encuentran en forma incipiente y a veces bien desarrolladas en los animales inferiores”.

Otras autoridades científicas comparten esta visión de los hechos. El Profesor Donald Griffin (autor del libro Animal Awareness), el Dr. Stephen Walker (autor del libro Animal Thought) y especialmente una de las autoridades más conocidas y reconocidas en cánidos, el Dr. Michael W. Fox (autor de innumerables artículos científicos y varios libros) concluyen que los animales poseen, en grado variable, capacidad de razonamiento, sentimientos y comportamiento inteligente.

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Veamos cómo algunos ejemplos cotidianos, que todo dueño de perro reconocerá haber observado en algún momento de la convivencia con sus animales, parecen demostrar que es posible afirmar que los seres humanos no somos portadores exclusivos de los atributos que estamos tratando.

Inteligencia

Un perro roba una servilleta a su propietario y para no ser alcanzado comienza a correr alrededor de la mesa. El dueño sumamente enojado comienza a perseguirlo. Por supuesto el perro corre más rápido que él. El humano, poseedor de una gran inteligencia, decide dar la vuelta y corre para el lado opuesto intentando de esa manera atrapar al perro. Para su sorpresa el perro hace lo mismo. Conclusión el dueño del perro agotado y sin poder agarrar a su animal decide esperar a que éste se digne a dejar la servilleta. Evidentemente el perro se enfrentó a un problema y lo resolvió de una manera adecuada.

Imaginación

Está comprobado que los perros sueñan. Cuando un perro sueña suele emitir sonidos diversos, tales como gemidos, gruñidos o suaves ladridos y realizar pequeños movimientos con su cuerpo. Seguramente deben ser capaces de imaginar cosas, un componente básico de la capacidad del pensamiento.

Tristeza:

Una familia sale de vacaciones y decide dejar a su perro en una pensión canina. El animal presenta anorexia (deja de comer), adipsia (deja de beber) y permanece indiferente a todo tipo de estímulo.

Sin embargo, los perros no son siempre racionales. Ellos frecuentemente actúan de manera irracional. Un perro que entre en pánico producto de los estampidos producidos por los elementos de pirotecnia seguramente actuará, con el único propósito de huir del lugar, de forma totalmente irracional. Si en un cine colmado de gente repentinamente se corta luz producto de un principio de incendio, los humanos que allí se encuentren seguramente actuarán de manera similar.

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Antes de finalizar es importante aclarar que si bien los perros poseen los atributos analizados y por lo tanto son emocionalmente similares a nosotros poseyendo además habilidades mentales, no sólo sería un grave error creer que ellos se acercan a nuestra capacidad de pensamiento y sobre todo a la del pensamiento abstracto, sino más grave aún sería creer que los humanos y los perros somos iguales. Si bien nosotros somos parte del reino animal dado que compartimos muchas características con otros animales, tenemos algunas características exclusivas que nos separan de todos ellos.

La más importante de ellas es la cultura, la cual ha hecho que nos diferenciemos enormemente del resto de las especies que habitan nuestro planeta. Esta característica que nos identifica y nuestra mayor capacidad de inteligencia y pensamiento deberían ayudarnos a cambiar la tradicional actitud de ubicar a los humanos en una categoría total y absolutamente diferente a la del resto de las especies. Este cambio seguramente ayudará a valorizar la importancia del bienestar animal, tema con el cual la humanidad todavía tiene una deuda pendiente.

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