LA ESPIRAL: SIMBOLOS SAGRADOS

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La espiral, que es el símbolo más antiguo conocido por ser utilizado en las prácticas espirituales, refleja el patrón universal de crecimiento y evolución. La espiral representa a la diosa, el vientre, la fertilidad y la energía de fuerza vital.

Reflejada en el mundo natural, la espiral se encuentra en la fisiología humana, plantas, minerales, animales, patrones de energía, el clima, el crecimiento y la muerte. La espiral es un símbolo sagrado que nos recuerda nuestro viaje evolutivo en la vida. Cuando se usa como un talismán personal, la espiral ayuda a conciencia para aceptar los giros y los cambios de la vida a medida que evoluciona.

La aceptación del cambio es una de las mayores libertades que un humano puede experimentar, poner la conciencia en el momento presente en el que se condensa el poder de la creación. A mayor escala, el uso de este símbolo garantiza que todos los seres se les recuerda de su evolución hacia el interior y hacia el exterior, un estado equilibrado y centrado de la mente. El agua, que lleva el poder de fluir y cambiar.

Una monja destacada

El Buda consideraba que Dhammadina era la maestra del Dharma más sobresaliente entre las monjas. No sabemos mucho de su vida pero su enseñanza, sobre todo en cuanto a la espiral y a la naturaleza cíclica de la existencia condicionada, ha desempeñado un papel muy importante en el desarrollo del pensamiento de Sangharákshita.

Renuncia al mundo y las riquezas

Antes de seguir el camino fue la esposa de Visakha, un próspero ciudadano de Rajagraha y amigo íntimo del rey Bimbisara. Un día su marido fue a visitar al nuevo maestro, Shakyamuni, que en ese entonces se estaba quedando en el Bosque de Bambú y después de escuchar su discurso se convirtió en uno “que ya no regresa”. Cuando Dhammadina se enteró de esto decidió que también ella deseaba renunciar al mundo y esforzarse por obtener la iluminación. Visakha respetó sus intenciones y la envió para que se uniera a la comunidad de monjas en un palanquín dorado que le obsequió su amigo el rey. Ahí, ella decidió tomar en serio la vida espiritual y se retiró al campo, tan lejos como pudo y practicó intensivamente. No tardó en convertirse en una arahat.

Reencuentro con su antiguo esposo

Cuando Dhammadina retornó al Bosque de Bambú para pasar una temporada cerca del Buda, Visakha fue a visitarla con mucha curiosidad, pues quería saber lo que su ex-esposa había conseguido con su práctica intensiva. El Sutra Culavedalla del Majjhima-Nikaya relata cómo se reencontraron.

Visakha interrogó a Dhammadina con mucha atención. Posiblemente al principio no la tomó muy en serio. Quizá sólo estaba probándola para ver si había aprendido algo en realidad. Sin embargo, muy pronto resultó evidente que lo cierto es que ella lo estaba instruyendo y él no quería perder detalle.

Los cinco skandhas y la disolución del yo

Para empezar, Visakha le preguntó acerca de la naturaleza del yo, qué era lo que ésta incluía y cómo se manifestaba. Ella le dijo que implicaba los cinco skandhas, que ocurría como resultado de nuestros anhelos y que cesaba cuando se detenían nuestros deseos.

“Señora, se dice ‘personalidad, personalidad’. ¿A qué se refiere el Bendito cuando habla de personalidad?”.

“Amigo Visakha, estos cinco agregados afectados por el apego son lo que el Bendito denomina personalidad. Es decir, el agregado de la forma material afectado por el apego, el agregado de la sensación afectado por el apego, el agregado de la percepción afectado por el apego, el agregado de las formaciones afectado por el apego y el agregado de la conciencia afectado por el apego. Estos cinco agregados afectados por el apego son lo que el Bendito denomina personalidad”.

El seguidor laico Visakha dijo “¡Bien, señora!”, deleitado y regocijándose en las palabras de la bhikkhuni Dhammadina. Entonces le hizo otra pregunta.

“Señora, se habla de ‘origen de la personalidad, origen de la personalidad’. ¿A qué se refiere el Bendito cuando habla del origen de la personalidad?”.

“Amigo Visakha, es el anhelo, que trae la renovación del ser, acompañado por el deleite y la concupiscencia y el placer que se halla en esto y en aquello. Es decir, el anhelo de placeres sensuales, el anhelo de ser y el anhelo de no ser. Esto es lo que el Bendito denomina origen de la personalidad”. (Majjhima-Nikaya i.299 en The Middle Length Discourses of the Buddha, p.396).

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