De pequeños nos han enseñado, podría decir que si no a todo, a casi todos, que tener las situaciones controladas es lo mejor que nos puede pasar. Nos inculcan el ser previsores, a ahorrar, a preparar y estudiar con antelación, a prever situaciones de riesgo, a asegurarnos bien, (el mundo de los seguros es un gran negocio) y a tener todos los cabos atados y bien atados.

La prevención y el por si acaso, el estar bien informado y el dominio de las técnicas están muy valorados en nuestra sociedad. Vaya, que son «valores seguros».

Nos dijeron que todo eso nos llevaría al éxito, a conseguir lo que queremos, a obtener la vida que hemos planificado por adelantado, o que otros planificaron por nosotros. Pero a la hora de la verdad siempre surgen imprevistos que lo echan todo al traste; la fiebre del niño, los comentarios de la suegra, el vecino nuevo y su batería, el trabajo, el tiempo, el tráfico, la política, los mosquitos, etc. ¡son tantas las cosas que se escapan de nuestro control!

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En definitiva, que nos pasamos la vida intentando que ésta sea de una manera determinada, la nuestra, que las cosas vayan como nosotros queremos, y la vida acaba yendo siempre por donde le da la gana.

Esa necesidad de control, de querer que todo sea como uno quiere, salvo raras excepciones, acaba trayendo infelicidad, ansiedad y enfermedad. Ya que mantener el control supone una tensión física continua, una actividad cerebral y nerviosa perenne de estado de alerta que acaba desgastando la maquinaria y quemando las baterías. Insomnio, ansiedad, dolores de espalda, neuralgias, problemas respiratorios, tensión muscular, rigidez articular, dismenorrea, etc. La lista es inagotable.

¿Qué opción nos queda pues? ¿Resignarnos? ¿tirar la toalla?

No, no se trata de resignarse, se trata de fluir.

¿Y cómo se hace eso?

Cambiando de posición ante la vida, de perspectiva. Entendiendo que la vida es algo que NO podemos controlar, y que para ser feliz, la única opción es vivir lo que nos toca, aceptarlo, buscando la parte buena, y dejar de intentar que pase lo que no pasa, de ser quien no se es, de buscar lo que no se encuentra. En definitiva, poner la atención en el pájaro que tenemos en la mano, alimentarlo y darle cariño, porque los otros cien no son reales.

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Dejar que nuestros hijos tomen decisiones equivocadas, (según nuestro punto de vista, claro), aceptar que tenemos el cuerpo que tenemos y sacarle partido, cuidarlo y darle disfrute en lugar de despreciarlo o machacarlo con cien abdominales que no nos darán una tableta de chocolate en lugar de barriga. Si llueve, sacar el paraguas y pensar que no siempre llueve al gusto de todos.

Recibir a las crisis como retos, a los cambios como posibilidades. Entender que cuando algo se va de nuestra vida, una persona, un empleo, un dinero en el banco, lo mejor es despedirlo y mirar hacia delante. Desdramatizar, dejar el victimismo en el armario trastero y buscar nuevas salidas, nuevos caminos por los que seguir viviendo, avanzando, creando. Nuestra salud y nuestro cuerpo nos lo agradecerán.

Lourdes Martí

19 Comentarios

  1. Pero que cierto!! Se puede trabajar con frases de Louise Hay, ho oponopono, etc, todo lo que permita cambiar el chip cerebral con el que nos han formado ….

    Sat Nam

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