En la vida, a veces nos encontramos ante problemas. Para muchas personas, el problema se convierte en un quebradero de cabeza, en un obstáculo. Parece que no pueden avanzar. Sin embargo, los problemas también son oportunidades, ya que nos ponen a prueba. Los obstáculos pueden ayudarnos a ser más conscientes de quien somos dependiendo del camino que elegimos para resolverlo.

Si bien es importante la decisión (elección) no lo son menos los factores internos que nos llevan a tomar una decisión determinada: es decir, los atributos de nuestra personalidad que nos movilizan a resolverlo, a posponerlo y en algunos casos a agravarlo.

En general nuestra visión es limitada y a corto plazo pero quizás podamos internarnos en nuestra conciencia profunda, buscando inspiración a partir de un análisis sincero:

¿A quién beneficia esta decisión? ¿Estoy decidiendo sólo en función de mis intereses particulares? ¿A quién perjudico? ¿No tomo la decisión por miedo o por desconocimiento? ¿Qué problema estoy posponiendo? ¿He consultado a las personas que me quieren? ¿Estoy dispuesto a escucharlas? Son algunas preguntas para medir la profundidad de nuestro análisis.

Los problemas o los obstáculos en la vida tienen un propósito y para resolverlos debemos ser conscientes del mensaje que nos quieren transmitir. Ellos nos brindan la posibilidad de crecer espiritualmente.

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Sin prescindir de la lógica y de la razón, podemos lograr soluciones más ricas buscando el “sentido no común” en el obstáculo: en lugar de atacar el problema, tenemos la opción de escuchar el problema y recibir de él información sobre nosotros mismos.

Para ello es importante despojarnos de nuestros prejuicios y no tenerlos sobre los demás, superando los traumas del pasado que bloquean nuestra energía para enfrentar el presente y el futuro con renovado optimismo. De esta manera abrimos la puerta a la intuición y a las ideas creativas. Puede ocurrir que el obstáculo nos proporcione una buena excusa para no enfrentarnos a nuestra verdad y por lo tanto nunca damos el paso hacia el cambio porque nunca es el momento oportuno.

Es importante que los problemas nos impulsen a nuevas situaciones, si no los enfrentamos, ellos crecerán hasta alcanzarnos, y se irán repitiendo una y otra vez en nuestra vida hasta que consigamos solucionarlos.

Muchos conflictos de la vida diaria tienen su causa en problemas de relación. Dar el primer paso para recomponer una relación no es un signo de debilidad sino de madurez. Reconocer nuestra parte de responsabilidad en el conflicto, intentar generar una corriente de afecto y predisponernos a perdonar, aceptar y comprender, son alternativas válidas para adelantarnos a conflictos de consecuencias más dolorosas, más aún si los mismos tienen su origen en el entorno familiar.

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Si aún así la persona no está dispuesta a cambiar su posición, no perdamos la paciencia. Quizás tal reconocimiento no está a su alcance. Los problemas de relación responden a menudo a limitaciones personales de comprensión y tolerancia.

Nuestro aporte, tarde o temprano será tenido en cuenta y será un puente que habremos tendido.

Un enfoque íntimo no común podría ser ensayar predisponernos positivamente para encontrar la solución y ver qué aspecto viene a resaltar esta situación y qué necesitamos cambiar en nuestra forma de pensar para obtener un mejor resultado. Ver el “para qué” del problema y no sólo el “por qué”.

Nuestro ego nos ayuda a mantener el control y nos da seguridad. Es nuestro sentido de identidad. Para mantener su integridad el ego está constantemente evaluando en términos de bueno o malo. No nos gusta que nuestros planes fracasen o que las circunstancias nos tomen por sorpresa.

Aunque el ego es un patrón de energía necesario debemos procurar ver más allá de sus límites y conectarnos con el campo de energía universal. Sentirnos parte del proyecto evolutivo en el cual el espíritu está inmerso y donde tiene en sus múltiples existencias la posibilidad de capitalizar experiencias, rectificar rumbos, aprender y progresar.

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La humildad, y la sinceridad con nosotros mismos, siempre es necesaria, sobre todo para comprender que no manejamos todos los factores.

Debemos ser observadores de nuestra vida y de las circunstancias que le marcan el rumbo para tener una idea de contexto y ejercitar nuestra autocrítica. Los problemas que nos acucian no son una mala señal ni tampoco el fruto del azar.

Son la forma que tiene la vida de ponernos a prueba para hacernos desarrollar todas nuestras potencialidades, hacernos ejercitar nuestras capacidades y así de esa forma comprender nuestros limites y debilidades. Ser conscientes del proceso nos da tranquilidad y nos sitúa en una posición atenta y abierta para disfrutar de la maravillosa experiencia de vivir la vida.

E. Pérez López

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