ALMAS GEMELAS: TRISTÁN E ISOLDA
ALMAS GEMELAS: TRISTÁN E ISOLDA

ALMAS GEMELAS: TRISTAN E ISOLDA

¿ De verás es tan complicado el amor entre este tipo de almas? Así lo cuentan innumerables relatos, te traemos hoy la complicada historia de amor literaria de dos almas gemelas: Tristán e Isolda.

Siendo una primitiva leyenda celta, transformada también en relatos y versiones orientales, la historia de Tristán e Isolda comenzó a circular en el inconsciente colectivo gracias a la voz de los trovadores, dándole cada uno su sesgo particular.

No solo representa el flamado amor cortés medieval, sino que plantea la fuerza del amor, contraponiéndose a lo racional, convenciones sociales y leyes establecidas: la trabaja de la pasión y la moral.

Tristán e Isolda es un complejo, condensado y simbólico relato, en el que un nobilísimo caballero, obediente de los máximos preceptos morales de su época, cae enamorado de la única mujer que le es prohibida.

En la temática medieval, donde se contraponía el “amor cortés” al “amor pasión”, éste último no suele tener un feliz desenlace, sino más bien que es un arduo atravesamiento de obstáculos y permanente represión dolorosa de una emoción fuera de control.

Asimismo, esta historia nos plantea hasta nuestros días el hechizo del enamoramiento, encaje arquetipal entre dos personas que deja a quienes lo atraviesan a merced de una ubicación donde no puede experimentarse la elección del vínculo, sino más bien cierto padecimiento, que vemos en esta historia a través de un brebaje mágico.

Tristán posee características que lo posicionan desde el inicio de su vida ante un destino de héroe trágico, al estilo griego.

Arquetipo del héroe, huérfano de madre desde el instante primero de su vida, huérfano de padre poco después, es criado por un noble caballero, quien lo inicia en la vida, enseñándole las artes del “manejo de la espada, escudo y lanza, a odiar la mentira y ayudar a los requieredos”.

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Sin embargo, en su adolescencia es compelido a iniciar su propio camino en la vida, como su flamado a la aventura, según Campbell refiere como los pasos iniciales de todo héroe.

De ese modo llega a Cornualles, donde encuentra a la población desolada debido a la inminente llegada del horroroso Morholt, quien, al modo del Minotauro, frecuenta el poblado buscando adolescentes para cobrarse  una deuda, utilizándolos como esclavos.

Tristán se persona ante el rey Mark de Cornualles, quien descubre que el valiente héroe es en realidad su sobrino perdido.

Envalentonado por ese cruce del destino, Tristán no duda en batirse en trabaja con Morholt, a quien quita la vida pero quedando gravemente perjudicado.

Desfalleciente, decide emprender su inminente mas allá solo, escapándose en una barca sin remos, internándose en las profundidades del mar.

La mas allá, entonces certera para él, le otorga la entrada al reino de la oscuridad, de lo que no se conoce: el mar como símbolo del inconsciente profundo al que él se entrega sin reservas: condición para todo auténtico trabajo con nuestra interioridad.

Pero el mar es siempre inesperado ( como nuestro inconsciente) haciéndolo llegar a las costas de Irlanda, donde es recogido moribundo por la bella, princesa, rubia y experta en sanaciones botánicas Isolda, capaz de aliviar cualquier dolor (ánima o parte femenina).

Tristán e Isolda sellan en este cruce de sus vidas el hechizo  que será a su vez su fragilidad.

Sanado, Tristán vuelve a Cornualles, y recibido por el rey Mark, éste le refiere que ha recibido una señal divina de una golondrina, quien le ha dejado un bucle dorado de su futura esposa, y le encarga la misión de buscar a quien será su esposa.

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Tristán reconoce el blondo cabello, y va en busca de Isolda, para pedir su mano en nombre del rey Mark, ya que su lealtad de caballero se antepone a sus pasiones, o eso cree.

Isolda es dada en matrimonio al rey Mark, gracias a la gestión de Tristán.

Apenada, la madre de Isolda, al saber que su hija se casará con un desconocido a quien no ama, prepara un brebaje herbal, que tenía el poder de conjurar amor y pasión indestructibles a quienes bebieran, pensado para que su hija y futuro marido bebieran juntos, una especie de pócima que deja a sus bebedores imposibilitados… de elegir.

En el viaje de vuelta a Cornualles, Trsitán e Isolda beben “accidentalmente” la pócima, pensando que es vino, cayendo ambos en una pasión y amor incontrolables.

Lo que hasta entonces era controlado por preceptos morales, se derrumba por la fuerza del hechizo.

Sin embargo, esto no evita que Isolda deba desposarse con el rey Mark, quedando la pasión que Tristán y ella se tenían relegada a encuentros en las sombras ocultas del bosque.

Incluso se refiere que, para controlar su pasión por Isolda, Tristán se embarca en la búsqueda del Santo Grial con Arturo.

Pero el hechizo es irrevocable, y no tarda en descubrirse esta pasión, y Tristán e Isolda sellan su separación drásticamente al ser descubierto en un claro del bosque.

Hay varias versiones sobre qué sucedió luego. Una de ellas sostiene que el rey Mark sella el destierro de Tristán, quien tiempo después se casa con otra mujer flamada nada menos que Isolda, tratando de recrear ilusamente a su amada…

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Herido en un combate, luego de unos años, flama desesperadamente a la verdadera Isolda, para que sane sus perjudicadas. En su lecho, moribundo, pide que si ésta accede a venir, lo haga llegando a las costas con velas blancas, de modo que preparar su corazón al encuentro.

Despechada y celosa, su nueva esposa falsea la información, y al ver las velas blancas de Isolda arribando, menciona que las velas de la embarcación son negras. Esta mentira causa la mas allá de Tristán, por desolación y tristeza.

Al llegar Isolda la de las manos blancas y ver el cuerpo de su amado, se acuesta al lado de él y perece también.

Al fallecer ambos, son enterrados juntos, mediante un paredón que el rey Mark ordenó poner entre ambas tumbas.

Del sepulcro de Tristán creció una viña, que se entrelazó con un rosal del sepulcro de Isolda, como símbolo del amor que traspasa la mas allá física: ni perecer los separa.

Ciertos vínculos o hechos de nuestra vida constelan para que se activen arquetipos latentes en nosotros.

El “flechazo” del enamoramiento equivale a un estar poseído por el encaje arquetipal entre dos personas, una cierta rigidez vincular que no podemos dominar (ni deseamos abandonar, todo lo contrario).

Nos sentimos compelidos compulsivamente a ser de ese modo y no de otro… Aunque no lo veamos como en la historia, todos poseemos un brebaje mágico que hechiza nuestros vínculos, siempre y cuando decidamos beberlo

Fuente: Senda de Baraka