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y colectiva: vivir o morir | Evolución consciente

Crecimiento personal

Tenemos una opción individual 
y colectiva: vivir o morir

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¿Y si, en medio de todos estos turbulentos acontecimientos que nos rodean, está emergiendo un gran opción y nuevo futuro posible?, ¿Un futuro que será atractivo para todos nosotros? ¿Y si este aparente caos está marcando el fin de un viejo mundo y el nacimiento de algo nuevo y hermoso?

A finales de junio del año 2011, mientras estaba durmiendo en la cama, en nuestra casa de Vilcabamba, Ecuador, me picó un insecto desconocido, sólo fue una pequeña picadura.

Al cabo de un mes había perdido 18 kilos…, con lo que pesaba 45 kilos. Mido 1,75 m y, con sólo 45 kilos, parecía un cadáver.

Lo peor fue que el insecto (al que no vi nunca) me afectó de una forma muy rara: el torso se me puso tenso y la piel me quemaba muchísimo, como si toda yo estuviera ardiendo. Hacia mediados de agosto apenas podía respirar ni caminar. Y no podía ir al baño.

Había gozado de una salud excelente durante la mayor parte de mi vida, pero ahora dependía completamente de mi marido hasta para las tareas más sencillas: entrar o salir de la bañera era un acto que desafiaba a la muerte y que costaba de 10 a 15 minutos. Todo se volvió increíblemente difícil.

Ninguno de los médicos pudo ayudarme. Empezaron diciendo, con gran confianza: «En dos semanas estarás curada». Pasaron las dos semanas y estaban desconcertados… y yo empeoraba. Al final, después de casi seis semanas de probar con inyecciones de vitaminas y otros diversos tratamientos, acabé en el hospital de Cuenca, una ciudad más grande que está a unas seis horas de distancia. Allí pasé 20 días, hasta que también se rindieron.

Se me hicieron una serie de pruebas (incluida una resonancia magnética)… y no mostraban nada anormal. Los médicos estaban totalmente perplejos. Pero era completamente obvio que algo me pasaba, yo no estaba bien: seguía sin poder caminar sin que me sostuvieran, seguía sin apenas poder respirar y seguía pareciendo un cadáver. Y no podía ir al baño sin un enema diario…, por el que tenía que luchar cada día.

Las muestras de sangre enviadas rápidamente a Quito volvieron 10 días más tarde con una revelación: ¡tenía la enfermedad de Lyme! Era solamente la tercera persona en Ecuador a la que se diagnosticaba esta enfermedad que estaba creando tantos problemas en los EEUU, Europa y otras partes del mundo. Mi médico me prescribió antibióticos y prednisona. Pero no cambió nada. No mejoraba. De hecho, continuaba empeorando.

Al final, mi médico nos dijo a mi marido y a mí: «Si os quedáis aquí no vais a salir de esta». Interprétese «te vas a morir». Entonces me dijo: «Tienes una oportunidad única mientras todavía seas físicamente capaz de viajar. Deberíais volver a los EEUU y buscar ayuda allí». Sabíamos que tenía razón. Al cabo de 15 minutos, mi marido se fue otra vez a Vilcabamba para hacer una maleta para cada uno. Mi cometido, que en aquel momento se parecía mucho a subir al monte Everest, era comprar los billetes.

Dos días después mi marido y yo volábamos hacia los EEUU, una pesadilla de 30 horas de viaje.

¡Siempre había estado tan sana! Y ahora todo y cualquier cosa me costaba un esfuerzo supremo. Que me llevaran por un aeropuerto en silla de ruedas, incapaz siquiera de sentarme erguida en ella (si me sentaba erguida no podía respirar) me dio una visión de un mundo completamente distinto. Me sentía desbordada de compasión por aquellos que viven en ese mundo constantemente.

Por fin, a finales de noviembre, hace algo más de un año, nos presentaron a un médico que me salvó la vida. Fue literalmente un milagro que lo encontrásemos y esa historia me la guardaré para otra ocasión. Lo que ahora quiero decirte es que cuando las cosas están muy, muy oscuras en nuestra vida debemos mirar más allá de las condiciones aparentemente desesperadas. Si vamos a optar por vivir, por prosperar, debemos asumir el control de nuestra mente y mantenernos centrados en lo que queremos crear.

Una noche, ya de madrugada, mientras me encontraba muy mal (aún en nuestra casa de Ecuador), se me dio una opción clara: vivir o morir. Estaba claro que no había juicio alguno: podía elegir libremente: la vida o la muerte. En aquel momento, confieso que lo estaba pasando tan mal que la muerte me parecía muchísimo más atractiva que la vida. Al mirar mi vida, me sentía bastante bien respecto a lo que había logrado. Pero entonces miré lo que aún quedaba por hacer y me pasé el resto de la noche repitiendo en voz baja pero con todo mi corazón y mi alma: «Elijo la vida. Elijo la vida».

A lo largo de todo el tiempo en que estuve enferma, también continué dibujando una mariposa cada día. De nuevo, esta es otra historia para otra ocasión. Pero el acto de dibujar una mariposa cada día era de vital importancia para mí: me ayudaba a recordar que la fuerza creativa seguía fluyendo a través de mí. Y tanto era así que, a pesar de lo mal que me encontraba, de lo difícil que era respirar o caminar, seguí viva y aún pude dibujar mi mariposa cada día, de acuerdo con el «encargo» que había recibido de nuestro Creador en agosto del año 2010: dibujar 1.001 mariposas a modo de «cuenta atrás hacia la transformación global».

Así pues, ¿qué significa todo esto? Yo creo que ahora se nos está llamando a todos a averiguarlo juntos. En cierto modo, aquello por lo que yo pasé con mi enfermedad es lo mismo por lo que estamos pasando todos en el mundo. Se nos está dando la opción individual y colectiva: vivir o morir. Y estamos –cada uno de nosotros– en el proceso de hacer esa elección.

He aquí la situación: el mundo de hoy parece encontrarse en un estado de gran caos, un estado de caos que parece ir en aumento y a peor: problemas medioambientales de todo tipo; dificultades económicas que amenazan con un cataclismo financiero total; muchas enfermedades y para mucha gente; una gran sensación de depresión, desesperanza y desesperación; amenazas de ataques terroristas y posibles guerras, etc. La lista es larga.

Pero, ¿y si, en medio de todos estos turbulentos acontecimientos que nos rodean, está emergiendo un gran y nuevo futuro posible?, ¿un futuro que será atractivo para todos nosotros? ¿Y si este aparente caos está marcando el fin de un viejo mundo y el nacimiento de algo nuevo y hermoso?

Yo llevo casi 45 años buscando pistas de este futuro positivo. La razón principal por la que elegí vivir –cuando lo estaba pasando tan mal en mi cuerpo que la muerte me parecía muy atractiva– es que tengo muy buenas noticias que darte. En la sabiduría colectiva de todos nosotros, tenemos todo cuanto necesitamos para transformar nuestro mundo muy deprisa. Pero ahora vamos a tener que movernos muy rápido si queremos lograr hacerlo a tiempo para evitar la catástrofe.

Juntos podemos crear una nueva humanidad, una nueva civilización global, una civilización que sea tan distinta de la actual como lo es una oruga –tan pegada a la tierra– de una preciosa mariposa. ¿Cómo podemos hacerlo? Esto es lo que explico en una serie de libros cortos titulados «Las crónicas de Eleanor».

El primer libro de esta serie salió el pasado 21 de diciembre, el día que marcó el fin del famoso «Calendario Largo» de los mayas y que algunos eruditos consideran un punto en el tiempo en el que, de forma simultánea, se completaron nueve niveles evolutivos del plan cósmico. Esto es algo que jamás había sucedido antes. Y este gran salto evolutivo es considerado como los cimientos sobre los que ahora podemos hacer un armonioso cambio en la Tierra para crear un mundo pacífico.

¿Esto es cierto? Sinceramente, no puedo decir que conozca la respuesta a esa pregunta. Sin embargo, sí siento que hemos llegado al mismo punto de elección al que yo llegué cuando estuve tan enferma, una elección que para mí fue el eco del Libro del Deuteronomio, de la Biblia, donde Dios dijo a Su pueblo: «Hoy pongo ante ti la elección entre la vida y la muerte. Escoge, pues, la vida para que podáis vivir, tú y tu descendencia».

Independientemente de tu religión o sistema de creencias, creo que estarás de acuerdo en que el mundo está hecho un lío y que todos estamos juntos en esto. No podemos decir «el barco se está hundiendo por tu extremo»: todos vivimos en una sola Tierra. ¿No te parece obvio que las decisiones que estamos tomando ahora nos afectarán a todos?

Yo hice mi elección aquella noche: elegí la vida, para poder completar mi trabajo aquí y que, cuando muera, pueda pasar a la gran aventura siguiente con paz en el alma.

¿Qué elegirás tú? ¿Qué elegiremos juntos? Ahora está en todas nuestras manos.

Con todo, quiero que sepas que me siento agradecida por estar viva, por estar mejorando deprisa en la recuperación de mi salud, contra todo pronóstico.

Y te estoy agradecida a ti por todo lo que estás haciendo y estarás haciendo para ayudar a tu manera a hacer realidad esta gran metamorfosis humana. Juntos podemos hacer lo que ninguno de nosotros puede hacer solo. Estoy deseando que crezcamos juntos para convertirnos en la clase de seres humanos que cada uno sabemos en lo profundo de nuestro corazón que podemos ser.

Amor y bendiciones.

Norie Huddle
Autora de siete libros y numerosos artículos, además de entrevistadora y narradora profesional

5 Comments

  1. Harvey Richard

    Harvey Richard

    17/04/2015 at 08:09

    Como yo veo todo estamos involucionando muy rápidamente, síntoma de que si es posible un renacimiento de la humanidad, pero aun falta bajar un poco mas.

  2. Deepu Chodhary

    Deepu Chodhary

    12/02/2016 at 12:00

    <3 ●┼─✦ YA BOT Nhee TRuCk Hai MErii JaaN ●┼─✦ <3 [ ➛ TruCK BOT By ✦ UMAr ChoUdhARy ✦ MaRia Ch ]

  3. FEDERACION INTERNACIONAL DEL AMERICAN PIT BULL TERRIER

    Lo creo al 100% También elijo vivir. ¡¡¡Gracias!!!

  4. Habitos De Rockefeller

    Habitos De Rockefeller

    11/08/2016 at 08:32

    Excelente 🙂

  5. Cirla Oriana

    Cirla Oriana

    09/10/2016 at 20:00