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Maternidad y Paternidad consciente

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La función sagrada de la Maternidad y la Paternidad

Llevo una temporada leyendo y releyendo el libro de Gabrielle Roth ‘Mapas para el éxtasis, enseñanzas de una chamán urbana’, un libro muy poderoso, escrito en 1989, que recomiendo a todas las personas interesadas en su crecimiento personal y espiritual.

Hay un capítulo del libro fascinante titulado ‘Los cinco profesores sagrados en el viaje de la vida’ en el que se menciona la función sagrada de la madre y la función sagrada del padre. Me pareció que merecía mucho la pena transcribir algunos pasajes, así que aquí los tienes: léelos, paladéalos, déjatelos sentir y permite que su sabiduría te impregne…

Los cinco profesores sagrados en el viaje de la vida

(…) “La historia de cada uno se despliega en ciclos naturales, y cada ciclo tiene un profesor o maestro natural: nacimiento, la madre; infancia, el padre; pubertad, el propio yo; madurez, la sociedad; vejez, el universo.”

(…) “De estos cinco profesores sagrados (madre, padre, yo, sociedad, universo) aprendemos toda la sabiduría que necesitamos. Estos guías en el viaje de la vida son esenciales para nuestro desarrollo personal, son nuestros espejos.”

La función sagrada de la madre

(..) “El ciclo del nacimiento comienza con la concepción y dura hasta aproximadamente los cinco años. La madre es la profesora sagrada de este ciclo. Transmite las lecciones mediante su cuerpo, con el ejemplo, la orientación, la actitud, la energía, la vibración. Cuando una mujer olvida su función sagrada, esto es destructivo para ella, para su hijo o hija, su sociedad y su mundo.

(…) Es la madre la que transmite el instinto maternal a los hijos, cuerpo a cuerpo. Es así de simple. El proceso comienza en el embarazo, cuando la conexión entre los cuerpos y las psiques es total. Ahí es donde el bebé tiene la primera experiencia de la presencia o ausencia del instinto maternal.”

(…)“El papel sagrado de una madre es respetar la unicidad o singularidad de su bebé y sustentar su sentido de valía personal. Lo alimenta cuando tiene hambre, no según un horario ideado por algún experto, y lo alimenta dándole lo que necesita y desea, no lo que se espera o por rutina.

Le permite llorar cuando siente algún dolor o está triste, y dormir cuando está cansado. Así reconoce y refuerza la validez de los mensajes internos de su hijo/a. Le enseña a fiarse de sí mismo/a. De esta manera le transmite su instinto maternal sustentador, ayudándolo/a saber contestar espontáneamente las preguntas esenciales “¿Quién soy y qué necesito?” Cuando la madre hace su trabajo de honrar y respetar los instintos naturales de su hijo, (…) el niño se convierte en su propia persona, seguro de su valía y de su identidad única.”

(…) “Es tarea de la madre transmitir a su hijo/a este instinto autovalorador y autosustentador no ser su ‘madre’ el resto de su vida. En el ciclo del nacimiento hemos de aprender a ser nuestra propia madre integrando el instinto maternal. Esta función sagrada lleva unos cinco años. Una madre que está efectivamente presente para su hijo, le enseña a ser atento consigo mismo, a cuidarse, sustentarse y afirmarse. ”

(…)”Una madre sólo puede dar lo que ha recibido. Sólo puede enseñar a su hijo a cuidar de sí mismo todo lo bien que cuida ella de sí misma. Cuanto más se valoran y sustentan a sí mismas las mujeres, mejores madres pueden ser.”

La función sagrada del padre

(…) “Hayas sido herido o bendecido (o, muy posiblemente, ambas cosas) en el primer ciclo de la vida, luego pasas al ciclo de la infancia y necesitas conocer a tu padre como tu profesor sagrado. Él es una madre al revés, la autoridad ante la permisividad de ella, la línea ante el círculo de ella, el prudente ‘no’ mundano ante el cósmico ‘si’ de ella. Mediante tu madre se desarrolla tu imagen de ti mismo, mediante tu padre se define. Dentro/fuera, espera que llegue/ve a buscarlo, rendición/control, permisión/exigencia, femenino/masculino. Entre la madre y el padre aprendemos a bailar el tango de la vida.”

(…)”La madre nos enseña a ser nuestro cuerpo. El padre nos enseña a expresar nuestro corazón al iniciarnos en el mundo de las relaciones con los demás; enseña el arte de relacionarse mejor con otra persona, porque es la primera persona exterior a nosotros con quien tenemos que relacionarnos, es decir, entablar relación. En el útero somos inevitablemente uno con nuestra madre. El padre está fuera de nosotros, es nuestro mejor amigo y nuestra tarea (y enseñanza) es conectar con él. En la creación de esta relación construimos el cimiento para todas nuestras relaciones personales futuras

(…) más adelante en la vida nos relacionamos con las personas de la forma como nuestro padre se relacionaba con nosotros y nosotros con él. Es del padre de quien recibimos o no recibimos la capacidad de saber instintivamente la respuesta a la pregunta ¿Qué necesita esta otra persona de mí?”

(…)”El padre nos enseña a fijar límites, a trazar la raya, a sentir nuestra autoridad, nos enseña la capacidad instintiva para relacionarnos bien con los demás, nos enseña lealtad, compañerismo, comunicación y justicia.”

Por Gabrielle Roth
Del libro “Mapas para el éxtasis”. 1989

1 Comment

  1. Karen Vela

    Karen Vela

    15/03/2016 at 01:46

    Karina Khris Rodríguez Delgado 🙂

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