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Crecimiento personal

Las trece virtudes de Benjamín Franklin

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Un problema de la humanidad.

Benjamín Franklin es uno de esos seres extraordinarios que era ordinario; es decir, no nació en una cuna brillante, no con riquezas, no diferente de ti y de mí, pero se realizó y se convirtió en un verdadero icono. En sus propias palabras: “De la pobreza y la oscuridad en que nací y pasé mi infancia, logré elevarme hasta alcanzar cierto prestigio y una posición de influencia en el mundo”.

Desde entonces, pienso yo, Franklin se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para la humanidad, debido a su incansable búsqueda de la perfección. La perfección, esa palabra que parece incomodarnos mucho, especialmente porque ha sido confundida con el perfeccionismo.

En mi humilde opinión, la perfección tiene que ver con el crecimiento personal, con vivir una vida de excelencia, llena de ideales, de sueños, aunque suena algo romántico, y de hecho la idea es en sí romántica. Mientras, el perfeccionismo tiende a obligar a otros a ser algo que ni nosotros estamos dispuestos a pagar el precio de ser. De allí vienen las frustraciones, de querer que los otros hagan, aun cuando nosotros nos amilanamos frente al reto de vivir una vida como seres excelentes.

Lamento si suena a sermón o el tono es muy pesado, es solo que cuando nos medimos con los ideales, nada que no sea elevado puede encajar.

Haz la prueba, conviértete en un problema para la humanidad siendo el mejor de lo mejor en lo que haces, sin perder de vista tu humildad, y notarás que, aunque no hagas algo diferente de otras personas (puede ser que tú seas un fontanero, o una ama de casa, una secretaria, o un alto ejecutivo) en tu propia forma de ser eres diferente, porque tus pensamientos son diferentes, son pensamientos de excelencia, que buscan la perfección personal.

Me parece que vivimos en un tiempo de grandes oportunidades, pero también de grandes distracciones. Y me parece que lo que nos falta es el equilibrio para aprovechar el conocimiento que hemos adquirido y convertirlo en algo especial, diferente, constructivo para cada uno.

¿Será posible que el acomodamiento sea el resultado de todos los grandes avances de los que somos testigos? Quiero creer que no es así, porque si eso sucede, todo lo que nos puede deparar el futuro es la decadencia.

Pero ahora imaginemos un estándar como este: “De niño me gustaba leer, y todo el poco dinero que me llegaba a las manos se me iba en libros”. ¿Y de adulto? “La lectura era la única distracción que me permitía. No gastaba el tiempo en tabernas ni en juegos ni en fruslerías de ninguna clase”.

Claro está que Benjamín Franklin no tenía computador portátil ni acceso a Internet, y tampoco podía disfrutar del Nintendo Wii, entre otras cosas, pero ¿qué hay detrás de su forma de vivir? ¿Qué principios que lo hicieron grabar su nombre en los dorados anales de la historia? ¿Podríamos usar esos mismos principios para hacer algo extraordinario de nuestras vidas?

Deseo que ésta muy breve valoración de la vida de un hombre de excelencia, nos permita encontrar nuestro propio curso de acción. De ninguna manera me he propuesto aleccionar a nadie, pero, humildemente, creo que si miramos con atención lo que otros han hecho para vivir vidas plenas, nosotros también podremos vivirlas, y es más, me parece a mí que hasta podemos aspirar a superar lo que nos han legado todos estos hombres y todas estas mujeres que nunca se rindieron en la búsqueda de la perfección de su propio carácter, de sus sueños e ideales.

Hoy sólo quiero transcribir lo que este gran hombre plasmó como las 13 virtudes para alcanzar la perfección moral, una lista de trece virtudes que redactó con veinte años y que intentó cultivar toda su vida.

– Templanza: No comas hasta el hastío, nunca bebas hasta la exaltación.

– Silencio: Sólo habla lo que pueda beneficiar a otros o a ti mismo, evita las conversaciones insignificantes.

– Orden: Que todas tus cosas tengan su sitio, que todos tus asuntos tengan su momento.

– Determinación: Resuélvete a realizar lo que deberías hacer, realiza sin fallas lo que resolviste.

– Frugalidad: Sólo gasta en lo que traiga un bien para otros o para ti. Por ejemplo, no desperdicies nada.

– Diligencia: No pierdas tiempo, ocúpate siempre en algo útil, corta todas las acciones innecesarias.

– Sinceridad: No uses engaños que puedan lastimar, piensa inocente y justamente y si hablas, habla en concordancia.

– Justicia: No lastimes a nadie con injurias u omitiendo entregar los beneficios que son tu deber.

– Moderación: Evita los extremos; abstente de injurias por resentimiento tanto como creas que las merecen.

– Limpieza: No toleres la falta de limpieza en el cuerpo, vestido o habitación.

– Tranquilidad: No te molestes por nimiedades o por accidentes comunes o inevitables.

– Castidad: Frecuenta raramente el placer sexual, sólo hazlo por salud o descendencia, nunca por hastío, debilidad o para injuriar la paz o reputación propia o de otra persona.

– Humildad: Imita a Jesús y a Sócrates.

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