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Conciencia

La importancia del conocimiento interior

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El conocimiento de sí mismo, la conciencia del propio Yo, es lo que verdaderamente hace evolucionar al espíritu, le otorga libertad y fuerza y lo introduce en el conocimiento de la vida y de las Leyes que la rigen, aportando a su existencia fe, esperanza y una seguridad constructiva de su destino.

Cuando tomamos una decisión elegimos un camino a seguir. Algunas decisiones son correctas y nos regalan momentos de alegría y felicidad, sin embargo otras acarrean muchos inconvenientes. Aunque no siempre acertaremos en nuestras decisiones, si uno tiene un conocimiento interior de su propio ser. En otras palabras, si la persona conoce sus debilidades y sus puntos fuertes, sabrá como afrontar las distintas situaciones.

Inmersos en problemas y crisis materiales, económicas, sociopolíticas, se relega muchas veces el análisis de la propia vida interior, la naturaleza de los pensamientos y los sentimientos, y no se considera de qué manera estos inciden en el ser y afectan a los demás en el diario vivir.

El conocerse mejor implica este análisis, esta reflexión valorativa de los seres y las circunstancias de vida. Lejos de ser una postura fácil, cómoda y contemplativa, requiere el dinamismo que nutre lo realmente trascendente de la vida y nos da un conocimiento más acertado de la verdadera naturaleza espiritual de cada ser humano.

El antiguo dicho que figura en el Oráculo de Delfos “Conócete a ti mismo” nos proyectar hacia una nueva visión del ser humano, pero este conocimiento no debe abrumar, ni inhibir al ser encarnado para actuar, sino que tiene que ayudarlo a adquirir conciencia de su realidad espiritual, para de este modo pueda proyectar y asumir los distintos caminos posibles de superación, de acuerdo con las fuerzas personales, con el entorno que lo rodea y con las circunstancias de vida que se le plantean. Para ello, es importante trazarse metas concretas, pequeñas pero posibles de ejecutar con el esfuerzo de la voluntad, porque de nada sirve detenerse a lamentarse, sentirse culpable y no actuar.

Ejercitar el arte de conocerse íntimamente debe servir para detectar dónde hay que trabajar para mejorar, y cuáles son las fuerzas morales con las que cuenta el espíritu para su evolución.

Este balance debe proyectar esperanza, lucidez y garantía para superar las carencias con la ayuda de la voluntad, la vida interior y el análisis reflexivo.

Diversidad de pensadores, filósofos, científicos de distintas áreas, comparten lo trascendente que es para el ser humano el conocerse a sí mismo, definiendo este conocimiento de uno mismo como la senda que le permitirá acceder a un mundo mejor, generador de una transformación moral de toda la humanidad del planeta, humanidad que reclama una etapa más pacífica y espiritualizada
Quien no asume la responsabilidad de los efectos que pueden generar sus formas de pensar y actuar, en ocasiones suele manifestar que son los otros los que deben cambiar, pero se debe recordar que él es también uno de ellos. Todas las personas necesitan perfeccionar su nivel de conciencia y compromiso.

El conocimiento de la personalidad implica primero una toma de conciencia del por qué y para qué se debe hacer, y qué beneficios puede reportar en lo personal y en lo colectivo, es decir: de qué manera este contribuye al progreso individual y social.

Este método que descubre las potencias y las carencias de cada uno, requiere de la persona dispuesta a ello, ciertas actitudes como son: continuidad y constancia para realizar este análisis, lo que implica una conexión con estados y fuerzas superiores; humildad para comprender las limitaciones y aceptar ayuda para el cambio, para entender que hay situaciones en la vida que escapan al razonamiento y solución inmediata; valoración y agradecimiento a todos los que lo nutren con afecto, elevación del pensamiento al Espíritu protector, solicitándole su asistencia, serenidad y lucidez para el análisis reflexivo que se va a realizar.

De esta manera, al acercase a un estado agradecido, conforme y valorativo, se genera una acción de fuerzas que permite robustecer la voluntad, los sentimientos y también una capacidad sensible y perceptible de los objetivos de vida.
Conocerse a sí mismo, con sinceridad y objetividad, fue y será siempre un reto trascendente porque en él, subyace la génesis del progreso moral del ser humano, origen que como una semilla aguarda el tratamiento adecuado, para trascender hacia el exterior con todas sus potencias.

Actualmente es muy normal que el estrés, la angustia y la ansiedad se apoderen del espíritu y le impidan conseguir un clima psicológico de equilibrio, un cierto sosiego para aceptar las limitaciones y estimular firmemente el desarrollo de las aptitudes hasta tornarlas en capacidades de bien.

Aceptar con humildad las limitaciones personales es inteligencia y sentido de la realidad. El hombre inteligente, que tiene sabiduría y es conforme, sabe replegarse sobre sí mismo y reconocer su propia geografía: fronteras, límites, posibilidades.
Del proyecto y formulación de objetivos en base al conocimiento de las propias capacidades devienen la comprensión de las posibilidades de realización y la concreción de las mismas, experimentando la paz que tanto se anhela. Con esa paz, con esa serenidad, se puede planificar superar las debilidades que le impiden ser feliz, y hacer felices a aquellos con quienes se comparten vivencias familiares y sociales.

Esta evaluación genera un impulso para encarar cada tramo de la vida y se complementa a través de la percepción intuitiva, que se logra en el contacto mental y afectivo con el estado espiritual superior.

Desarrollar la comprensión, la tolerancia y los sentimientos de bien, deben ser las metas. Y para ello, cabe la pregunta: ¿cómo son las manifestaciones afectivas en el ámbito familiar y social? ¿Con qué palabras o gestos se expresan los pensamientos y sentimientos? ¿Estos se limitan de acuerdo a las circunstancias?

El responder a estas preguntas, permitirá detectar las fuerzas que se poseen para cambiar las cosas que se desean, para actuar en base a las metas propuestas, como también para generar nuevas fuerzas necesarias para la conducción familiar y toda la vida en general.

Expresar los sentimientos no implica debilidad, es una expansión muy necesaria y estimulante. La expresión a través de palabras, gestos, caricias, abrazos, una sonrisa o un beso, son demostraciones que si se incorporan como algo habitual, gratifican la convivencia. Tal como cita Enrique Rojas en su libro: “La ilusión de Vivir”, existe una incapacidad llamada alexitimia que caracteriza a las personas  que tienen graves problemas para mostrarse cariñosas, cordiales o tiernas. Estas personas suelen ser cortantes, poco sensibles y difícilmente atienden esa enorme parcela que se refiere al cuidado en el trato emotivo con el otro.

La convivencia con una persona así resulta muy difícil con el paso del tiempo, puesto que carece de habilidad para ensayar lo que hoy se conoce como inteligencia emocional: la capacidad para aunar en una misma ecuación cabeza y corazón, inteligencia y vida afectiva.

No se trata de alguien que no siente, sino que, al ser muy poco expresivo, nunca se sabe lo que piensa y sus exteriorizaciones son tan mínimas, que quedan reducidas a lo justo: el saludo, la despedida, la frase correcta pero rayando en la aridez y la descortesía.

Para amar a otro hay que olvidarse un poco de uno mismo; para amar al cónyuge hay que saber decirle que se le quiere del mejor modo posible, con realismo y esfuerzo, con suavidad y ternura, con buenas palabras y gestos positivos. Quien no entienda esto, tiene un serio vacío en su personalidad y  está invalidando su capacidad de trato con los demás.

2 Comments

  1. Ayurveda Atman

    Ayurveda Atman

    29/03/2016 at 09:29

    Amazing! 🙂

  2. Beatrriz Ibañez

    Beatrriz Ibañez

    10/09/2016 at 06:48

    EXCELENTE DIFUSION Y BIEN VERDADERA PQ NOS DA MIEDO CONOCERNOS GRACIAS POR COMPARTIR TAN TAN IMPORTANTE MENSAJE

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