; Introducción al Eneagrama | Evolución consciente

Eneagrama

Introducción al Eneagrama

By  | 

El eneagrama podría definirse como un modelo explicativo de la personalidad, al cual tenemos acceso desde hace tan sólo unas décadas. Algunos datan su origen en hace más de dos mil quinientos años, tomando como referencia modelos astrológicos y matemáticos. Hay quien atribuye gran parte de sus inicios a la cultura de los sufís.

Será George Gurdjieff (1872 – 1949) quien retoma a principios del siglo XX dichos conocimientos para aplicarlos al campo de la personalidad y, posteriormente, Óscar Ichazo (1931) y Claudio Naranjo (1932) se encargarán de dar mayor forma a este modelo y a su divulgación.

Nos encontramos con un sistema de clasificación que profundiza en el carácter del ser humano al establecer y ahondar en diferentes tipos y subtipos de estructura de carácter. Si bien aparentemente pueden saltar algunas alarmas en relación a lo reduccionista que puede llegar a ser un sistema clasificatorio, el eneagrama consigue traspasar los rasgos definidos para llegar a un punto de conexión muy profundo en el ser humano.

Si hay algo que suelo decir cuando me preguntan por esta herramienta es que, a medida que interiorizo más la sabiduría que contiene, más me doy cuenta de lo poco que sé.

Como punto de partida, sería necesario diferenciar tres grandes núcleos o energías presentes en todo ser humano: mental, emocional y visceral. A partir de esta diferenciación, se podría articular todo el desarrollo de la estructura de carácter y los distintos nueve tipos (“eneatipos”) que surgen.)

El núcleo mental acoge el mundo de los pensamientos, las ideas, el análisis y el sentido estructural que tiene todo lo que nos rodea. Se vincula a la seguridad que nos proporciona acceder a comprender el mundo desde la mente y al miedo que deriva de no tenerlo todo controlado o “encajado” dentro de nuestra cabeza.

La energía emocional tendría que ver con los vínculos que se establecen con los demás y con nosotros mismos a un nivel sentimental. Se vincula a la imagen que nos creamos según nuestra historia emocional y cualidades; y a lo que los demás pueden pensar de nosotros.

El centro visceral responde a los impulsos vitales e instintivos que de alguna manera nos hace tomar contacto con nuestro poder y la necesidad de defender lo nuestro, la necesidad de supervivencia. Se vincula a la conexión con el cuerpo, la energía de la ira, la acción que nace del estómago.

Desde que somos pequeños, ante el dolor y el miedo que llegamos a experimentar nos vamos creando una coraza con la cual aprendemos a sobrevivir. Dicha coraza es lo que acabará determinando nuestra estructura de carácter. Nos identificamos plenamente en una manera de movernos por el mundo, según nuestro miedos, anhelos o experiencias.

Esta identificación, además, se suele anclar en uno de los tres núcleos anteriormente descritos, de tal manera que para algunos lo que verdaderamente se considera necesario es entender o comprender lo que está ocurriendo desde la mente pensante mientras que, para otros, el punto de referencia se basa en el cómo me siento según la imagen que proyecto hacia los demás o hacia mí mismo.

Según este desarrollo, a pesar de que somos seres mentales, emocionales y viscerales, nuestro carácter se identifica de forma especial en una de estas energías, lo que vendría a explicar de forma general la manera por la cual nos desenvolvemos en nuestro entorno.

A raíz de los núcleos descritos, el eneagrama diferencia tres tríadas, es decir, tres eneatipos distintos dentro de cada núcleo, lo que viene a dar un total de nueve estructuras de carácter principales.

Hay muchos enfoques para describir los nueve tipos. Uno de los más clásicos es el que pone el énfasis en las llamadas “pasiones”. Las pasiones toman prestados los términos que se acuñan en los siete pecados capitales del catolicismo: ira, lujuria, avaricia, soberbia, gula, pereza y envidia.

La referencia a estos términos viene definida no únicamente a lo que todos podemos entender cada pecado capital, sino a un movimiento muy profundo que marca el carácter del ser humano. De tal manera, la lujuria no se entendería únicamente con una tendencia promiscua o puramente sexual, sino con la necesidad de extender mi ego abarcando todo lo que me rodea, poniendo “mi bandera” en otras personas, proyectos o situaciones que me hagan sentir que tengo el poder.

Es por esto que, más allá de la terminología católica, el eneagrama es un sistema que se adapta abiertamente a cualquier tipo de creencias.

Junto a los siete pecados capitales, se añaden dos pasiones más: la vanidad y el miedo, obteniendo un total de nueve pasiones dominantes, las cuales se enumeran del 1 al 9 para definir cada tipo de carácter. De esta forma, las tres tríadas quedarían configuradas de la siguiente manera:

Tríada instintiva: lujuria (eneatipo 8), pereza (eneatipo 9) e ira (eneatipo 1).
Tríada emocional: soberbia (eneatipo 2), vanidad (eneatipo 3) y envidia (eneatipo 4).
Tríada mental: avaricia (eneatipo 5), miedo (eneatipo 6) y gula (eneatipo 7).
Hasta aquí la presentación del eneagrama. Cada día que pasa siento más asombro con esta herramienta terapéutica que a tantas personas nos está ayudando para conocernos mejor a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

De esta manera, gracias al poder que confiere este conocimiento, definimos mejor los límites entre los cuales nuestro ego se mueve y dejamos en gran parte de hacer personal lo que los demás piensan, sienten o hacen.

Iré posteriormente compartiendo nuevos artículos donde pretendo destacar otras carácteristicas básicas de esta herramienta de autoconomiento y también para profundizar más en cada eneatipo, para así tener una visión más amplia y clarificadora de qué supone en la práctica identificarse con una de estas nueve pasiones.

 

Sobre el autor

Antonio de la TorreAntonio de la Torre
Es el psicólogo responsable de Terapia Humanista. Pasa consulta en el centro desde sus inicios y participa de forma activa en la expansión de conciencia a través de su labor como terapeuta gestalt y transpersonal, formado también en técnicas de integración cerebral como ICV (Integración del Ciclo Vital) o SHEC (Sincronización de los Hemisferios Cerebrales).

10 Comments

  1. Melina Guzda

    Melina Guzda

    11/01/2016 at 13:43

    Maxi Goffi

  2. Ayurveda Atman

    Ayurveda Atman

    05/02/2016 at 00:59

    Gracias Por Compartir

  3. Virginia Parrado Chocano

    Virginia Parrado Chocano

    22/03/2016 at 08:44

    Vir Lisbon

  4. Valeria Šušnjar

    Valeria Šušnjar

    28/07/2016 at 00:19

    Los comienzos no son del sufismo y Georges Ivanovič Gurdjieff

  5. Lenitzia Casas Garza

    Lenitzia Casas Garza

    12/09/2016 at 01:24

    Que interesante

  6. Meri MU

    Meri MU

    17/10/2016 at 15:39

    Jose Angel Vacas Dominguez

  7. Rosalia Cabrera

    Rosalia Cabrera

    07/11/2016 at 22:20

    Por supuesto nuestros reyesAztecas,Mayas,y ellos vivían de todo kMadreTierra les,daba,mi,Fam.casi,toda,MoreliaDesde,tatarabuelos,bisabuelos,abuelos,mi, madre,ahuchó orgullo,indios,tarazcos,yo,de,gran Tenoztitan,0,enfermedad x ,k solo nos ,caemos,desdeña tatarabuela ,110años/se,caio,hablando se despidió lucida falleció,mi madre,igual, lucida solo,dijo frío,dormida,kedo falleció,yo,0,enfermedades,solo,mé,e,roto,huesos,a,72añosesperoDPTP,deje,algunos años+ ,

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.