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¿HASTA DÓNDE ERES CAPAZ DE LLEGAR POR TU SUEÑO?

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Ay nuestros sueños, siempre tan lejanos, siempre tan llenos de obstáculos… ¿ Voy a por ellos o no? ¿ Hasta dónde eres capaz de llegar por tu sueño ?

¿ Pero de veras están tan lejos? ¿ De veras hay tantos obstáculos? ¿ Quién dice que lo sean?

En el post de hoy os traemos un bonito cuento de Jorge Bucay para reflexionar sobre esto, sobre nuestras propias concepciones mentales a la hora de catalogar las circunstancias que atravesamos en la vida.

¿ Por qué denominamos obstáculo al simple proceso de aprendizaje y evolución? ¿ Porqué no lo consideramos como regalos que nos fortalecen, nos llenan de herramientas, nos permiten hacer uso de la mágica creatividad que recibimos por el hecho de ser humanos?

¿ De verás queremos que todo sea fácil, que nos lo den todo hecho? ¿ qué sentido entonces tendría nuestra vida?

Leed atentamente el cuento que propone Bucay…

“Voy andando por un sendero. Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.

Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo… dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo.

Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…

Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.

Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?

Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.”

Recuperemos la mirada del niño que un día fuimos, ese para el que solo existían sus sueños sabiendo que sería divertido salir a alcanzarlos, dijesen lo que dijesen los mayores cuando se lo contábamos.

Recuperemos el gusto exploratorio del niño que fuimos que asumía como algo natural caerse mientras escalaba una roca con los ojos puestos en el cangrejo que trataba de atrapar.

Nunca nos preguntamos entonces por qué resultaba tan duro alcanzar al cangrejo, ni que especie de conspiración divina contra nuestras aspiraciones había colocado precisamente en ese lugar la roca para que no pudiéramos alcanzarlas.

Nos curábamos y seguíamos en nuestro intento, con alegría, con confianza en nuestros recursos, utilizábamos el ensayo y error y a veces lo conseguíamos y otras no, y entonces otra actividad llamaba nuestra atención.

Recuperemos a ese niño que fuimos al que le daba absolutamente igual lo que le dijeran o lo que tuviera que hacer por alcanzar lo que deseaba, ese que no se ponía sus propios obstáculos…

Y tú…. ¿ hasta dónde vas a llegar para conseguir tu sueño?

Las publicaciones son de autores muy interesantes que hemos leído y que compartimos para el beneficio de muchas personas que necesitan ayuda. Si tu eres uno de esos autores y consideras que tu articulo no debe estar en nuestro blog, por favor escríbenos y lo retiraremos sin problemas

2 Comments

  1. MIRTA ELENA ZARLENGA

    08/08/2016 at 01:17

    EXCELENTE.

  2. Carmen Luna Flores

    Carmen Luna Flores

    16/11/2016 at 15:57

    Esto es irreal, para que quiero la luna? Estaría lunática voy por algo más objetivo

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