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Eneagrama

Eneatipo 9: Pereza – El pacificador

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Pasión dominante: Pereza
Se le suele denominar a este eneatipo el Pacificador debido a su tendencia a evitar el conflicto. Se muestra como una persona bonachona, inocente y aparentemente dócil, que prefiere dejarse llevar por la guía del otro.

La actitud de seguir la voluntad ajena conlleva una renuncia a las propias necesidades, deseos e impulsos. De hecho, posee una especie de anestesia o bloqueo que le impide contactar directamente con sus estados.

Es habitual asociar con la pereza una conducta pasiva, de inactividad física. Sin embargo, en lo referente a esta pasión del eneatipo Nueve, la pereza se muestra más bien como una dificultad interna para profundizar en sí mismo.

Paradójicamente, suele mostrarse muy activo en cuanto a su rutina o ritmo diario de funcionamiento, llenando los tiempos muertos con actividades o planes que le ayuden a centrar la atención fuera de sí.

El Nueve sustituye el “ser” por el “hacer”. Se mueve en el mundo con un piloto automático, el cual le hace llevar un ritmo de no parar y así no tener tiempo para pensar, para conectar con su voz interior.

Esta continua actividad cotidiana y rudimentaria le permite no conectar con la ansiedad generada por no ocuparse verdaderamente de él mismo.

De hecho, es común que el Nueve conviva con un cierto estado de opresión en el pecho, una leve ansiedad que, de no encontrar el “narcótico” correspondiente, se dispara y le lleva de nuevo a la acción rutinaria.

Este eneatipo pertenece a una de las estructuras de carácter “positivo” del eneagrama, junto con el Dos y el Siete. Estos tres eneatipos tienden a edulcorar la vida o a pasar por encima del dolor, cada cual con sus estrategias o mecanismos de defensa.

En el caso del Nueve, hay un marcado optimismo que se vive con naturalidad, restando importancia a los aspectos dolorosos. Su movimiento vital es mantener la paz, tanto interna como externa.

Por eso mismo, es habitual encontrarlo mediando en una discusión o procurando evitar que los conflictos broten en su entorno.

Una de las maneras que tiene para protegerse del dolor es insensibilizarse. Si bien es un perfecto oyente para el otro, en el momento que quieres tocar su corazón te encuentras muchas veces con un muro de hielo.

Cuando quieres dar cuenta, el Nueve se ha ido a su refugio interno donde nada ni nadie puede perturbar su aparente tranquilidad. Si bien permanece presente físicamente, es capaz de abstraerse mental y/o emocionalmente con mucha facilidad.

Otra forma de escapar del dolor es trascenderlo. Obviamente esto es más una construcción mental que no una realidad, pues para atravesar el dolor es necesario también saber sostenerlo, algo de lo que huye precisamente el Pacificador.

Con todo esto, no es raro encontrar en el Nueve una cierta espiritualidad vivida como una forma de escapar de su realidad interna, como un querer llegar al cielo sin haber pisado la tierra.

En realidad no es una espiritualidad que busca un compromiso profundo consigo mismo, un estar presente, sino más bien se asemeja a un velo que le evade y adormece cualquier estímulo que amenace su paz interior.

Algo característico de este eneatipo es su visible falta de pasión, lo que podríamos denominar como el elemento fuego. No hay mucha intensidad en sus vivencias internas, pues todo permanece bañado bajo el efecto de la anestesia.

Puede agarrarse a proverbios, refranes o simplemente manejar una filosofía de vida concreta para entrar más aún en su falta de implicación con el mundo y consigo mismo.

Su tendencia a evitar el conflicto le lleva a la resignación, a decir sí cuando en realidad no está de acuerdo. También se mueve mucho en la ambigüedad, mareando la perdiz y hablando mucho para decir realmente poco.

Esta propensión a no ser asertivo genera resentimiento que, si bien no lo suele expresar de forma directa y clara, lo manifiesta más a través de un comportamiento pasivo-agresivo.

A raíz de esto, por ejemplo, el Pacificador alberga una rebeldía interna característica a través de la cual, a más se siente exigido y presionado, menos facilita que el otro se salga con la suya.

En general, el perjuicio que produce no se debe tanto a una acción dañina como a un daño por omisión: llegar tarde, olvidarse de algo que el otro puede considerar importante o simplemente cambiar de opinión ante un plan acordado.

Fijación
El Nueve sostiene su pasión de la pereza gracias a la fijación que le caracteriza: la indolencia, entendida como la falta de voluntad para llevar a término algo.

La indolencia convive en este eneatipo con la abnegación, la tendencia a desterrar o desconectarse de los propios impulsos.

Esta renuncia implica ceder en sus deseos a favor de los demás. Esto se debe a que la pasión de la pereza prevalece sobre el hecho de responsabilizarse de sus necesidades.

De alguna manera, el Pacificador ha recurrido a pasar por la vida sin hacer mucho ruido, como si una parte de él estuviera ya muerta y no reclamara al mundo lo que le corresponde.

Tiene por costumbre quitar importancia a sus necesidades, desmereciendo sus deseos y optando por quitarse de en medio para no perturbar la armonía. No es una persona que brille y sobresalga, sino más bien uno más, alguien sin grandes pretensiones.

A pesar de la imagen que ofrece al mundo de persona acomodaticia, interiormente vive con fuerza una resistencia a todo lo que implique que su tranquilidad se vea alterada o en peligro.

Cuando decide algo, se envuelve en una tozudez que, desde la rabia contenida, hace difícil que pueda cambiar de opinión.

El Nueve siempre encuentra motivos suficientes para postergar la culminación de sus necesidades o bien para dar solución a sus problemas vitales.

En forma alguna, siempre se puede dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, sobre todo cuando tiene que ver con situaciones que perturban su tranquilidad o pereza existencial.

Por ejemplo, puede llevarle mucho tiempo tener una conversación con un vecino ruidoso para que tenga más cuidado por la noche con la música. El Pacificador siempre espera a que la situación cambie por sí sola, sin tener que intervenir.

Ejemplos de posibles creencias interiorizadas por este eneatipo:

No te preocupes por mí, estoy bien.
Prefiero tener tranquilidad a llevar la razón.
Comprendo los diferentes puntos de vista y observo lo positivo de cada uno.
No voy a permitir que esto me afecte.
Sólo quiero que me dejen en paz.
Miedo básico
Se podría decir que el principal miedo que subyace bajo esta estructura de carácter tiene que ver con el temor a la separación.

La tendencia en el Nueve a fusionarse con el entorno responde a este miedo. El Pacificador huye de una visión de si mismo en lucha contra el mundo. Le aterra la idea de hacerse valer en contraposición a quienes les rodea.

Es como si hubiera interiorizado a fuego el concepto de que, si no puede con su enemigo, mejor unirse a él. Por lo tanto, la individualidad queda sacrificada en pos de sentirse unido al otro.

De hecho tiende a simbiotizarse, adoptando la estrategia de hacer suyas las necesidades ajenas y absorbiendo incluso la individualidad del otro o del grupo. Esto provoca que muchas veces el Nueve pueda confundirse e identificarse con otros eneatipos.

Así, el conflicto es el principal catalizador de la separación. Evitar el conflicto le brinda la tranquilidad de vivir en aparente armonía, palabra cuyo origen etimológico hace referencia precisamente a “concordancia”, “ajustarse”.

Otro miedo que impera es el de romperse, resquebrajarse. De hecho, la experiencia dolorosa es sustituida por una indolencia que le permite mantenerse a flote. Cuando el Nueve entra en el dolor, entra de lleno y es ahí donde se dispara su miedo a explotar.

Mecanismo de defensa
El Nueve presenta una energía clara de sobreadaptación u olvido de sí mismo. Si un enfrentamiento entre dos personas se produce por un choque de necesidades, renunciar a las suyas propias es el precio que el Nueve ha de pagar para mantener su tranquilidad.

Sin embargo, el continuo olvido de uno mismo conlleva mucha frustración en el ser humano debido a la insatisfacción de las necesidades propias, por mucho que no sea consciente de ellas.

Es por esto que, para que la sobreadaptación sea factible de mantener, el Pacificador acude a su principal mecanismo de defensa: la narcotización, la cual le permite permanecer adormilado.

Si bien no se responsabiliza de sus propios impulsos, al menos los sustituye por otras conductas que compensan la frustración, tales como la comida, el tabaco, la cafeína, las horas muertas viendo la televisión, una actividad rutinaria, etc.

De forma paralela, el Pacificador se muestra bajo un falso altruismo, por el cual busca satisfacer las necesidades propias a través de la realización de los demás.

Al no permitirse abrazar sus propios deseos, pone toda su atención en complacer los ajenos, buscando su satisfacción a través de colmar las necesidades del otro, como si fuera una esponja que llenara su interior mimetizándose con el entorno.

De esta forma es capaz de asumir como propios los deseos de otros e incluso de defender ideas o posturas ajenas como si realmente nacieran de él mismo

Infancia
Suele ser común en el niño Nueve la dificultad de haber ocupado su sitio. Dicho de otra forma, no había espacio suficiente en casa para su individualidad.

Sus impulsos y deseos no fueron aprobados por el ambiente que le rodeaba, luego la forma de sobrevivir a su entorno pasó por mirar hacia otros miembros de la familia y olvidarse de sí mismo.

El Pacificador ha podido ser un hermano al cargo de los más pequeños o de los más necesitados. Su función se basaba en prestar apoyo en casa o simplemente funcionar en pos de lo que los demás necesitaban.

Aprendió a quitarse de en medio para no llamar la atención. Creció sin hacer ruido, sin dar muchos problemas. Básicamente, se mantuvo en un segundo plano para que no le salpicaran los conflictos y así sostener una cierta tranquilidad interna.

Muchas veces, la infancia del Nueve contempla la vivencia o sensación interna de no haber tenido una verdadera infancia. También puede darse la creencia de haber tenido una infancia feliz.

Sin embargo, esto último se debe en diversas ocasiones a la capacidad del niño para disociar las experiencias dolorosas y poder así seguir sobreviviendo. Ante las vivencias duras, el niño Nueve aprendió a retirarse en su propio mundo, llegando a crear a veces una realidad alternativa.

Una de las posibles formas de superar el dolor es la de idealizar a los padres, quienes posiblemente no estuvieron volcados en él. De fondo, se puede esconder una carencia afectiva importante respecto a los progenitores.

Sexualidad
Normalmente, el Nueve tiende a vivir su sexualidad de forma abierta. Esto se debe a que busca su disfrute a través también del gozo de la otra persona.

No suele vivir la relación sexual como un eneatipo Tres por ejemplo, que a pesar de poder ser muy efectivo o ser el mejor amante, no se entrega. El Pacificador sí que se da al otro.

De hecho, le atrae la oportunidad de vivir la sexualidad como un aspecto más en el que fusionarse.

Sin embargo, más allá de su concepción idealista o incluso espiritual del sexo y del amor, suele darse un cierto escepticismo que le lleva a no profundizar más allá en la experiencia. Esto se debe también a la dificultad que tiene para recibir amor.

Morfología
Encontramos en este eneatipo una estructura morfológica corpulenta, con tendencia a la obesidad. El cuello queda muchas veces escondido y la apariencia externa se puede asemejar a la de un tonel.

En el rostro predomina la sonrisa en convivencia a veces con una cierta mirada triste. Los ojos incluso pueden mostrarse caídos hacia fuera, dibujando una “v” invertida.

Puede darse el caso de pies planos, como si fuera necesaria la mayor superficie de los pies para arraigarse a la tierra. De hecho, es común que el Nueve vaya arrastrándolos mientras camina.

En cierta forma, su cuerpo parece preparado para resistir la embestida, como si fuera una montaña inamovible. Sin embargo, también prevalece una cierta sensibilidad al dolor físico.

Por otro lado, se da una tendencia menor en este eneatipo en la cual los cuerpos son ciertamente más menudos y armónicos, con menor propensión a la acumulación de grasa.

Carácter dinámico
En los momentos de mayor estrés, cuando el marcado optimismo y los recursos habituales del Pacificador son insuficientes, el Nueve se mueve hacia el Seis. Cuando esto ocurre, surgen inseguridades y dudas bajo una visión más depresiva y pesimista.

Se resiste aún más a través de su agresividad pasiva ante las exigencias de los demás. En situaciones más extremas, puede mostrar una rabia desbordada en forma de acusación hacia el otro, disparando incluso el pensamiento paranoide.

Por otra parte, el Nueve tiende al Tres en su movimiento hacia la integración, lo cual le lleva a adoptar una actitud mucho más diligente y práctica en torno a hacerse valer. Saca energía para procurarse un mayor bien hacia sí mismo.

Comienza a valorar su tiempo, sus necesidades y su persona en general. De esta forma, se permite ocupar el puesto que le corresponde en el mundo, abandonando su tendencia automática hacia la entrega altruista y prevaleciendo su necesidad sobre la de los demás.

Conclusión
En resumen, un eneatipo Nueve podría conceptualizarse como alguien pacificador, altruista, llano, indolente, mediador, terco, abnegado, conformista, agradable, utópico, simplón, rutinario, paciente, abierto, acomodaticio, bondadoso, impasible, optimista, nadie en especial.

Algunos ejemplos de Nueve en la literatura o en el cine:

Sancho Panza, personaje de la obra literaria “Don Quijote de la Mancha”, de Cervantes.
Clarice Precious, interpretada por Gabourey Sidibe en “Precious” (Lee Daniels)
Smee, contramaestre del Capitán Garfio, interpretado por Richard Briers en “Peter Pan: La gran aventura” (P. J. Hogan)
Bridget Jones, interpretada por Renée Zellweger en “El diario de Bridget Jones” (Sharon Maguire)
Bill Johnson, interpretado por Jeff Daniels en “Pleasantville” (Gary Ross)

Sobre el autor

Antonio de la TorreAntonio de la Torre
Es el psicólogo responsable de Terapia Humanista. Pasa consulta en el centro desde sus inicios y participa de forma activa en la expansión de conciencia a través de su labor como terapeuta gestalt y transpersonal, formado también en técnicas de integración cerebral como ICV (Integración del Ciclo Vital) o SHEC (Sincronización de los Hemisferios Cerebrales).

4 Comments

  1. alejandro

    01/03/2016 at 08:04

    y como salimos de los de los eneatipos, lei esto y me identifique de lleno, definitivamente soy un nueve, cansado de serlo, pero realmente no veo una manera de abrirme a los demas,

  2. sorbeta

    01/03/2016 at 22:33

    Me ha salido eneatipo 9,y no creí que fuera tan malo. Al leerlo,me sentí idenrificada,pero no creí que fuera tan negativo ser así. Me considero activa,con actitud positiva,que me preocupo por los demás y hago por los demás,pero por mi también. Claro que no me gustan los conflictos,y trato de conciliar siempre para no entrar en discusiones (en el sentido dd peleas) porque no considero que sea la manera. Siempre dialogo… Pero ahora que estoy en un momento de introspección,me estoy dando cuenta por lo que se dice,que realmente no he estado haciendo las cosas bien. Cómo avanzar entonces?

  3. Mariangela Hernandez Rosario

    Mariangela Hernandez Rosario

    02/03/2016 at 03:45

    Esmeralda Barrios

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