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Eneatipo 6: Miedo – El leal

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Pasión dominante: Miedo leal
El Seis se ha identificado en exceso con el miedo, de tal manera que gran parte de su forma automática de ir por el mundo se deja arrastrar por éste.

Una de las consecuencias directas de esta pasión es la respuesta ansiosa que este eneatipo experimenta interiormente. La angustia podría parecerse a la sensación de que, en cualquier momento, el techo se le va a desplomar encima.

Aquí, la ansiedad podría definirse como una respuesta al miedo no identificado, la cual hace que se disparen las defensas de autoprotección y las alarmas para la supervivencia, sin saber muy bien de dónde viene la amenaza.

El conocido como el Leal, también a veces como el Cobarde, tiende a volcarse en el futuro y cualquier preocupación suele derivar en sintomatología ansiosa, como la incapacidad para conciliar el sueño, la tensión y el agotamiento que puede generar una mente llena de pensamientos obsesivos.

Hay diferentes formas de reaccionar ante el miedo, lo cual nos hace plantear la existencia de dos variantes más dentro de esta estructura de carácter, muy diferente una de otra:

El Seis fóbico: tiene por tendencia contraerse y encogerse ante el miedo, buscando las zonas de seguridad donde la amenaza pueda ser disipada. Prefiere evitar los callejones oscuros, asegurarse de cerrar la puerta con llave o, en general, no correr riesgos innecesarios. Actúa con especial cautela, se vuelve cálido, modesto y tiende a ser más dócil y disciplinado con respecto a las normas y a la autoridad, con la finalidad de evitar el castigo.
El Seis contrafóbico: ante la amenaza, aparentemente se crece y, como reacción, se anticipa a plantarle cara al miedo. Si percibe la posibilidad de que surja alguna hostilidad, saca las garras. Prefieren dar el primer golpe a que el otro le pille desprevenido. Suele ser más rebelde que el de la variante fóbica y adopta una postura agresiva y desafiante. Suelen ampararse en una imagen atractiva de fuerza y dureza.
A pesar de que suele haber una cierta estabilidad en la manera de reaccionar ante el miedo, la fobia y la contrafobia pueden ser vistas como una única dimensión por la que el Seis discurre, de tal manera que se pueden ir alternando con el tiempo ambas actitudes.

Suele darse una interiorización de las normas establecidas, sobre todo en la variante fóbica, de tal forma que se siente incapaz de quebrantar las leyes. Todo tiene un orden establecido y un procedimiento por el cual llevar las cosas a cabo.

La autoridad es un símbolo del poder castigador. Tiende a ser muy cumplidor con los jefes, cuerpos de seguridad o quienes ostentan los más altos puestos en la jerarquía, a la vez que se crecen ante quienes se sitúan por debajo en el orden piramidal.

En la variante contrafóbica se combina la lealtad con una actitud más desafiante, cuestionadora y rebelde ante quienes poseen dicha autoridad legal o moral.

Se le apoda “El Leal” debido a la constante fidelidad que muestra a sus amigos, personas queridas y a sus propias creencias.

Esta lealtad en gran parte también está condicionada por el miedo. Ante la necesidad de aferrarse a algo seguro, defiende a capa y espada las relaciones en las que encuentra un soporte externo y también aquellas ideas o principios que le permiten dormir tranquilo, pudiendo llegar incluso al fanatismo.

La necesidad de crear relaciones de dependencia donde sentirse seguro convive a la vez con su tendencia a la desconfianza.

El Seis busca recibir apoyo, aunque sin ser avasallado. Espera que los demás lo tengan en cuenta, mas no desea generalmente sobresalir ni ser el centro de atención. Necesitan saber que pueden contar con los demás, pero también es imprescindible mantener cierta distancia.

Cuando se disparan sus alertas ante la proximidad no deseada de una relación, cuando se siente en el punto de mira, nace la desconfianza. Esto generará una lucha interna entre el deber (la lealtad al otro y su firmeza en no fallarle) y el miedo generado (la desconfianza que subyace en cuanto a las intenciones de los demás).

Sin embargo, dejarse llevar abiertamente por sus impulsos belicosos podría hacer peligrar el amparo que obtiene de los demás. Por ello mismo, crea relaciones cálidas en forma de protección al otro o donde él mismo se sienta protegido.

Al estar muy volcado en el futuro, invierte únicamente en aquello que le da garantías y proporciona seguridad. A veces lo busca en el matrimonio, en un grupo de amigos u otras veces en libros de autoayuda o grupos políticos, sociales o religiosos que le sirven de referencia.

Es propenso a meterse en planes de pensiones, inversiones seguras o embargarse en estudiar oposiciones con el fin de obtener un trabajo seguro y para toda la vida. También pueden llegar a proveerse de ciertos suministros en demasía debido a una prudencia exagerada, por miedo a si se agotaran sus reservas en caso de necesidad.

Tiene un radar interno que le sirve como localizador de problemas. Posa su mirada en el mundo bajo una actitud de catastrofismo. La anticipación al peligro es necesaria para prepararse a la adversidad y sentirse más capacitado ante los problemas emergentes.

Fijación
Este eneatipo suele convivir de forma continua con la duda. Esta ambivalencia le lleva a perderse en la indecisión, a dar vueltas una y otra vez a las diversas opciones disponibles y a cuestionarse cuál es la más correcta.

Quizás podría quedarse un buen rato decidiendo que camisa comprarse o bien qué plan llevar a cabo. El caso es que la incertidumbre, generada por la ansiedad y por el miedo, también inunda sus propias creencias cuando no encuentra un apoyo externo, llegando a verdaderas batallas mentales.

El Seis es un experto en buscar segundas intenciones en los demás. Puede llegar a leer entre líneas a través de una suspicacia muy desarrollada que, en muchas ocasiones, propicia el pensamiento paranoico.

En base a las preguntas que surgen en la mente a razón de la desconfianza, surgen interpretaciones mentales de lo observado, llegando a elaborar hipótesis a veces muy retorcidas acerca de la mala intención de los demás.

Suele pensar antes de actuar. La excesiva prudencia, debido a la inseguridad en uno mismo, le lleva a postergar la acción continuamente.

Sin embargo, esta tendencia a la mesura se suele combinar puntualmente con actitudes rebeldes y temerarias que le sirven como vías de escape a su propia impulsividad reprimida. Por ejemplo, podría dejarse llevar en situaciones que despertaran su adrenalina, como la conducción brusca e imprudente.

Teoriza mucho y tiende a indagar en fuentes de información fiables para llenarse de datos y conocimientos, lo cual le permite sentirse más seguro y con mayor certeza a la hora de hablar o de actuar.

Al estar en la tríada del pensamiento, reprime sus impulsos, los cuales son acallados tras una continua racionalización. Vive con un excesivo culto a la mente, ya no sólo en cuanto a acumular conocimientos, sino como instrumento para procesar la realidad.

Se alza a la mente por encima de cualquier otra opción. Tiende a ser un devoto del pensamiento empírico, con resistencias a la hora de aceptar otras posibles realidades fuera de lógica y sentido común.

Podría llegar a aceptar principios emocionales, sociales o espirituales que escapan a la razón si con ello se siente integrado en un grupo de referencia. Sin embargo, al ser un cuestionador nato, entra en un conflicto interno entre el amparo del grupo y la desconfianza en los principios que promulgan los demás.

Algunos de los pensamientos más comunes e interiorizados en este eneatipo podrían ser:

Es mejor estar seguro antes de actuar.
Piensa mal y acertarás.
Para las buenas o para las malas, los demás pueden contar conmigo.
Más vale prevenir que curar.
Las normas se han establecido por el bien común y hay que cumplirlas.
Miedo básico
El Seis teme básicamente encontrarse perdido, abandonado y desorientado, sin una guía o referencia estable hacia la que poder encaminar sus pasos.

La necesidad de diferenciar entre lo que es correcto y lo que no, le lleva en muchas ocasiones a trasladar la autoridad hacia fuera. Por ello mismo, necesita y se siente seguro con unas pautas externas sobre cómo actuar de forma correcta.

En diversas ocasiones suele integrarse en grupos religiosos, políticos o instituciones reglamentadas que fijen las reglas.

Otras veces simplemente se apoya en las normas sociales (leyes, protocolos, tradiciones…) para apaciguar la falta de orientación interna y la inseguridad.

En muchos sentidos pierde su propia orientación, la voz interna que le llevaría a permanecer en su centro. Por esto mismo, cuando no encuentra un punto de referencia externo, entra de lleno en la duda, la cual dispara la ansiedad y la angustia.

Mecanismo de defensa
Este eneatipo presenta como principal mecanismo de defensa la proyección, a través del cual las emociones, los pensamientos y las intenciones no reconocidas en él mismo son atribuidos a los demás.

La propia inseguridad se traslada hacia el exterior, hacia las otras personas, quienes pueden en cualquier momento fallarle o bien causarle algún daño.

El Seis ha aprendido a reprimir sus impulsos, por ser interiorizados como algo negativo o inadecuado en uno mismo. La proyección hace que dicha amenaza interna no aceptada se vuelque hacia los demás.

A través de este mecanismo, consigue aliviar la propia carga, el conflicto interno entre una rígida estructura mental y los propios impulsos, los cuales son percibidos como una amenaza.

Al no aceptar en muchas ocasiones dicho conflicto interno, consigue creerse que el causante de su malestar y de su inseguridad, por fuerza, ha de ser alguien o algo externo. Eludir la propia culpa hace que se muestre a la defensiva y adopte una postura victimista.

Secundariamente, es capaz de abandonar su posición de fragilidad, propia de la victimización, e incorpora en si mismo el peligro externo.

A través de este mecanismo de defensa, denominado “identificación con el agresor”, si se siente amenazado, el Seis acabará convirtiéndose él mismo finalmente en una amenaza para el otro.

Ante esta idea de “la mejor defensa es un buen ataque”, se podría considerar como ejemplo el empezar una pelea cuando se atribuye a la otra persona intenciones hostiles.

Infancia
El niño Seis ha recurrido a reprimir con culpabilidad sus propios impulsos para sentirse así aceptado por su entorno.

La sensación de que hay algo malo, negativo o no válido dentro de si mismo le lleva a una profunda inseguridad interior.

Además, tal y como hemos comentado anteriormente, dicha negatividad interna se proyecta hacia fuera, por lo que es habitual que desde pequeño el Seis haya convivido con una fuerte sensación de miedo, ya sean racionales o irracionales.

Normalmente, la infancia de este eneatipo se ha visto envuelta por un ambiente de impredecibilidad, marcado mayoritariamente por la principal figura de autoridad (generalmente el padre).

Suele ser común la convivencia desde pequeño con un progenitor con problemas de alcohol u otras drogas, propenso a una gran inestabilidad emocional y conductual en general.

Ante esta situación, la autoculpación o la interiorización de que hay algo malo en él mismo es la única salida para evitar o prevenir el castigo por parte de la autoridad.

Con todo esto se deduce que, más allá de la apariencia externa, el Seis encierra en si mismo a un niño que se ha sentido muy culpable y con mucho miedo a lo que pueda ocurrirle.

Sexualidad
En la unión sexual suele darse también una necesidad de fusión con el otro. Para ello, proyecta por lo general un ideal de pareja con el que, si no llega a estar a la altura de sus expectativas, es posible que termine tomando distancia por sentirse defraudado.

La desconfianza inherente a este eneatipo suele contagiar la parcela sexual. De tal manera que puede llegar a rituales de espionaje (registrar el teléfono móvil, hacer interrogatorios…) respecto a su pareja, de quien teme que pueda estar engañándolo con otro.

Puede ocurrir que, ante el temor a no dar la talla o a no funcionar “correctamente” en lo sexual, a la hora de relacionarse ponga más atención en la propia ansiedad catastrofista que en el disfrute, generando así problemas de impotencia o vaginismo.

Morfología
De entre los eneatipos contemplados en el eneagrama, el Seis es sin duda el más heterogéneo en lo referente a su constitución morfológica.

Entre los elementos o rasgos comunes destacaría la mirada escrutiñadora, vigilante del entorno. En muchas ocasiones, es capaz de posar su vista fijamente sobre otra persona sin tomar conciencia realmente de ello. Prefiere observar antes que hablar.

Su cuerpo encierra una alta carga de rabia, mostrando muchas veces una actitud agresiva ante el mundo.

A pesar de que en algún subtipo (sobre todo el Seis conservación) presenta una imagen cálida y agradable, procura mantener una justa distancia física con el resto del mundo.

De alguna manera, es como si su propio cuerpo fuera una prolongación física de la desconfianza albergada en su interior.

Carácter dinámico
El Seis se va al Tres en los momentos de estrés, decantándose por aferrarse a toda costa a una imagen de sí mismo que pudiera generarle mayor seguridad. Podría surgir la necesidad de desvalorizar a otros para crecerse y compensar así su baja autoestima.

Puede también invertir más tiempo y energía en el trabajo o bien, por otro lado, entrar en competitividad con otros grupos a través de los grupos políticos, sociales o religiosos que lo representan.

En su camino hacia la integración, el Seis tiende al Nueve y consigue manejar su vida de manera más relajada y tranquila, traspasando la ansiedad habitual para conectar mayormente con su voz interna, capaz de orientarle a satisfacer sus propias necesidades.

Por otra parte, desarrolla una mayor autonomía e independencia en sus relaciones personales, fruto de la solidez interior alcanzada. Pasa de establecer lazos de dependencia con los demás a disfrutar de su compañía, consiguiendo confiar más en la vida que le rodea.

Conclusión
En resumen, un eneatipo Seis se define por ser alguien racional, comedido, leal, desconfiado, catastrofista, suspicaz, tradicional, ansioso, estructurado, dubitativo, paranoico, hipervigilante, teórico, cuestionador, inseguro, normativo, comprometido, víctima y responsable.

Algunos ejemplos de Seis en la literatura o en el cine:

John Rambo, interpretado por Sylvester Stallone en “Acorralado” (Ted Kotcheff).
Shaggy, personaje de la serie de dibujos animados “Scooby Doo, ¿dónde estás?”
Don Quijote, protagonista de la novela de Miguel de Cervantes.
La tía Josephine, interpretada por Meryl Streep en “Una serie de catastróficas desdichas” (Brad Silberling).
Juan Cuesta, interpretado por José Luis Gil en la serie “Aquí no hay quien viva”

 

Sobre el autor

Antonio de la TorreAntonio de la Torre
Es el psicólogo responsable de Terapia Humanista. Pasa consulta en el centro desde sus inicios y participa de forma activa en la expansión de conciencia a través de su labor como terapeuta gestalt y transpersonal, formado también en técnicas de integración cerebral como ICV (Integración del Ciclo Vital) o SHEC (Sincronización de los Hemisferios Cerebrales).

5 Comments

  1. Anahí Ortiz van Steenberghe

    Anahí Ortiz van Steenberghe

    07/11/2015 at 19:45

    He escuchado hablar mucho sobre el tema de la vacuna del papiloma, pero que hay con todas las demás que en las escuelas de preescolar y primaria solicitan sea completo el esquema de vacunación.
    Éstas también contienen aluminio? Gracias.

  2. Ayurveda Atman

    Ayurveda Atman

    03/01/2016 at 23:30

    Gracias Por Compartir

  3. Ayurveda Atman

    Ayurveda Atman

    11/03/2016 at 14:30

    Love it!

  4. Olga Moreno

    Olga Moreno

    13/04/2016 at 16:11

    Lucia Moreno y Jose Abelardo Moreno Rodríguez. Se lo envío para que me reenvíe pues cuando quiero volverlo a leer se desaparece el artículo y está muy interesante.

  5. Ana Rivas

    01/09/2016 at 03:01

    Muy buen trabajo con los eneatipos, gracias por tus aportes para mayor consciencia de mi misma.

    Podría tener una consulta personal contigo, como se puede hacer pues vivo en otro país?

    Ana

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