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Conciencia Corporal

EL DRAGÓN ENCOGE SU CUERPO

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Cuando el dragón encoge su cuerpo es porque se ha impuesto demasiadas cargas y debe sacudirse todo aquello que no le corresponde.

El dragón se estira, sopesa, acepta su propia realidad y se despoja de lo que no le pertenece.

La postura del dragón encoge su cuerpo está relacionada con los hombros y la cintura.

El hombro, que une el brazo al tronco, es una articulación compleja y extremadamente móvil que permite efectuar movimientos amplios y precisos en todas direcciones. La descripción que sigue se refiere al dolor de hombros.

La persona a la que le duele la parte superior de los hombros, tiene la impresión de llevar una carga demasiado grande sobre ellos. Como unen los brazos al tronco, este dolor tiene relación con “querer hacer demasiado” por los demás. Esta persona se impide ir en la dirección deseada porque se cree obligada a hacerse cargo de la felicidad o del éxito de los demás. En general, este dolor se manifiesta en la persona que tiene capacidad de actuación. Su mensaje no es que deje de hacer diferentes cosas en su vida, sino que las haga por amor en vez de por obligación. Si el dolor de hombros le impide mover los brazos, el mensaje se relaciona con su dificultad para abrazar a una persona o una situación nueva.

Tu dolor de hombros te indica que te impones tareas que no son necesarias para ti. Al querer hacer mucho por los demás te obligas a cargar sobre tus hombros un peso que no te pertenece. Mientras lo hagas, los demás no pueden aprender a hacerse cargo de su propia vida. Te sugiero que verifiques tus compromisos. ¿Prometiste a esas personas que te ocuparías de todo? O más bien… ¿crees que esto se sobreentiende de manera automática? Es tiempo de que revises tus límites y tus necesidades y que sólo cargues sobre tus hombros lo que corresponda a lo que quieres. Concédete el derecho de quererte y ocuparte de ti mismo. Date cuenta de que lo que te impones proviene de ti mismo y que los demás respetarán tus necesidades cuando tú las respetes. Además, date el derecho de ser más flexible y de abrazar a quien quieras o a lo que quieras sin temer a las consecuencias.

Los hombros representan mi capacidad de llevar una carga. Mis hombros llevan mis alegrías, mis penas, mis responsabilidades y mis inseguridades.

Como cualquier otra persona, no estoy exento de llevar una carga. Si me hago responsable de la felicidad y del bien estar de los demás, entonces aumento el peso que llevo y me duelen los hombros. Tengo la sensación de tener “demasiado por hacer” y de nunca ser capaz de realizarlo todo.  Puede también que tenga la sensación de que me impiden actuar, bien a causa de opiniones diferentes o porque simplemente no quieren asistirme y apoyarme en mis proyectos.

También me duelen los hombros cuando vivo grandes inseguridades afectivas (hombro izquierdo) o materiales (hombro  derecha) o que me sienta aplastado por el peso de mis responsabilidades., tanto afectivas como materiales. Tengo tanto miedo al mañana que me olvido vivir hoy. Las dificultades que encuentro, la responsabilidad de deber crear, hacer, perfeccionar, todo esto puede “aplastarme”.

Puedo querer probarme que, a pesar de todo, puedo enfrentarme con las situaciones echando los hombros hacía atrás, poniendo el pecho más en evidencia, pero la realidad es que mi espalda es débil y distorsionada por el miedo.

Si la parte afectada de mi hombro se refiere a los huesos (fractura, ruptura), esto se relacionará más con mis responsabilidades fundamentales. Si la parte afectada de mi hombro es muscular, esto se relacionará más con mis pensamientos y emociones.

Aprendo también a dejar circular la energía de mi corazón hasta loshombros y después, en mis brazos, lo cual evitará la rigidez y el dolor, porque mis hombros representan la acción y también el movimiento, desde la concepción hasta la materia. Pasan a través de ellos mis deseos interiores de expresarme, crear y ejecutar porque nacieron al nivel de mi corazón. La energía emocional debe dirigirse hasta en mis brazos y mis manos para realizar dichos deseos.

Si me freno en decir o hacer cosas, si me “encasillo” (viene de la palabra “casa”, que quiere decir encerrarse en un lugar. En sentido figurado, esto significa replegarse sobre sí) en vez de hundirme en la vida, si llevo máscaras para tapar mis miedos y mis aprensiones, mis hombros estarán tensos y más rígidos.

Si el hueso de mi hombro va hasta quebrarse o romperse, existe en mi vida un conflicto que es muy profundo y que toca la esencia de lo que soy. La tensión o cualquier otro malestar que sienta en la área de los hombros me da una indicación según se trate del hombro derecho o izquierdo.

Si mi hombro derecho está afectado, se trata de mi lado masculino activo: puedo vivir un conflicto o una tensión con relación a mi trabajo, a mi modo de actuar frente a la autoridad. Es el lado “recio y controlador” que gana; en cambio sí es mi hombro izquierdo el que está afectado, la tensión que pueda vivir está relacionada con el aspecto femenino de mi vida, es decir creativo y receptivo, a mi habilidad por expresar mis sentimientos.

Tomo consciencia de lo que me aplasta, acepto que soy responsable de MÍ y dejo que los demás se cuiden de ocuparse de su propia felicidad. Aprendo a delegar.

Un hombro helado significa que se vuelve frío y doloroso y que está molestado en su completa utilización. Me vuelvo frío e indiferente con relación a lo que hago (justo para hacerlo?) o puedo realmente hacerlo? Existe una profunda tensión que me indica que quiero realmente hacer algo diferente de lo que hago actualmente.

También acepto aprender a vivir el instante presente, lo cual me permite aliviar el peso que llevo en mis hombros. Hago confianza al universo que atiende mis necesidades cotidianas.

Para fortalecer los hombros y entender cuáles son mis cargas y cuáles son las que me impongo innecesariamente hacemos el ejercicio del “dragón encoge su cuerpo”.

Empezando desde la postura del jinete lo que debemos hacer es:

Adelantar el pie izquierdo, elevar las manos y estirar los brazos hasta quedar con los brazos en cruz con las palmas hacia afuera y los dedos hacia arriba.

Inclinar el cuerpo, sobre el pie adelantado y rotando el torso, llevar la mano derecha al suelo al costado del pie adelantado, y la mano izquierda estirada hacia arriba girando a lo largo de la columna.

Rotar longitudinalmente el cuerpo, como si la columna vertebral fuese el eje de rotación hasta llevar la mano izquierda al costado del pie adelantado y la derecha estirada hacia arriba, y volver a rotar para colocar la mano izquierda nuevamente al costado del pie, levantar el cuerpo, para quedar de nuevo con los brazos en cruz.

Bajar las manos y recoger el pie adelantado.

Cambiar de pies y repetir.

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